martes, 29 de diciembre de 2009

Fragmentos de La Selección Erótica

Colección de artículos de José Ortega y Gasset:

"¿Cuál ha sido el tipo de mujer preferido en España (...) se trata de una cuestión sobremanera importante, y es incomprensible que ella (...) no sean más frecuentemente tratadas. Se discute largamente una ley financiaera (...) en cambio, no se comentan ni analizan las tendencias sentimentales (...) Y, sin embargo, del tipo de mujer predominante dependen, en no escasa medida, las instituciones políticas. Es ciego quien no encuentra una estrecha relación entre el Parlamento español de 1910, por ejemplo, y el tipo de mujer que los políticos de entonces habían alojado en su domesticidad. Yo quisiera escribir sobre todo esto, aún previendo que habré de errar en las nueve décimas partes de mi juicio. Pero este sacrificio de equivocarse lealmente es casi la única virtud pública que el escritor, como tal, puede ofrecer a sus convecinos. Lo demás son vanos gestos (...) (Desde hace diez años, muchos escritores españoles buscan en la política el pretexto para no ser inteligentes)

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En estas líneas, y todas escritas en el mismo bloque de párrafos, en el mismo artículo como se ve, Ortega traza pinceladas profundas de lo que han sido tres pensamientos constantes en mi vida.
La importancia del amor en el mundo. Él, en sus Estudios sobre el Amor, en esta parte final, lo focaliza en la mujer, en la "amada". Siempre he sostenido, más para mis adentros y mis intimidades cercanas, que el amor es una de las grandes fuerzas que mueven el mundo pero no reflexionado en términos tanto románticos como desde el individuo social que es el ser humano. Me encuentro, un poco tardíamente con la edad que ya tengo, con un pensador de primer orden pensando, ensayando, devanándose los sesos sobre todo ello. Sin leer mucha filosofía, mi poca experiencia vital me llevaba por la senda que hace mucho Ortega abrió. Sosiega mi alma leerlo.

Y la sosiega por el amor, por el papel que reconoce a la mujer, y ahora toca mencionarlo, porque "este sacrificio de equivocarse lealmente es casi la única virtud pública que el escritor". Siempre creí muy razonable, muy de tener los pies en la tierra, de guiarse por el sentido común, esto de equivocarse lealmente. Mi meta es poder hacerlo como escritora, y no hacerlo como escritora, esto es, poder llegar a tí, lector, me equivoque mil veces y acierte otras mil.

Por último: "buscan en la política el pretexto para no ser inteligentes". Ya Ortega vivia en un España donde se certificaba, se respiraba, se conocía la política, se asumía como el "pretexto para no ser inteligentes", el perfecto huerto de la mediocridad. La política siempre en minúsculas, empequeñida, anulada como herramienta indispensable para progreso de la sociedad. Vamos, como se vive la política ahora en esta sociedad española "de ahora".

Estoy en ello. Estoy en pensarme pensando en todo ello, y en más, en mucho más... lo bueno es que me moriré habiendo descubierto y esperando descubrir, a otros "ortegas" personas, personajes, sociedades, situaciones.. lo que libera el saber... felicidad...

domingo, 20 de diciembre de 2009

Divagar y crear

mi propio vehículo... de exp... resarme... pensar... respirar... pensar... y más... articular... reflexionar... saber... NO saber... ni conocer... para acumular... saber y conoc... imiento... interrogarse... aprender.... voluntad... de... saber... conocer...

Procesos... de la voluntad... del... conocimiento...

Ellos y yo,
Ellos en mí... individuo... voluntario.... rioso... tenacidad...
Querer.... CONOCIMIENTO... conociendo... ignorando...

LA PRENSA Y NOSOTROS.

http://www.elblogdegorka.blogspot.com/

Y la entrevista en noticias de Álava publicada en la nacional de UPyD el domingo 20 Dic.

el segundo es buen ejemplo de tratamiento informativo -en este caso positivo- de lo que Gorka expone en su última entrada de blog.

Un saludo

Nieves

viernes, 4 de diciembre de 2009

Empanada

llevaba bastante tiempo, o lo sigo estando, aunque creo que empiezo a salir del empanamiento.
Lo escribo por muchas razones. Por razones de muchas naturalezas, que al fin y al cabo se concentran en una sola cosa, este cuerpo-espíritu- alma míos.
Empezamos una nueva etapa que entrevemos que puede acercar horizontes prometedores. Mientras llegan, el camino promete ser tan enriquecedor como las metas.
Digo empezamos porque esto que ahora inicio no es un texto, aquí en este rincón ignorado de la red, no. Lo que ahora inicio es una andadura vital, y por eso familiar, y por eso colectiva y por eso social...

domingo, 22 de noviembre de 2009

Llegó y pasó... 1er Congreso UPyD

Y no pasó, porque ahora es cuando empieza de verdad.
La historia no es una losa para decidir mi futuro, es parte de mi riqueza, de lo que me hace, de mi masa, que lleva a mis neuronas a tomar mis decisiones.
Esa historia, pequeña y grande, escrita "intrahistoria", escrita en oro y mayúsculas, es la que hemos escrito este fin de semana. La historia es el registro de los hechos, hay ciertos hechos que resultan claves para individuos y sus colectividades.
Nuestro congreso será uno de esos hechos... por muchas razones....
Pero mientras el presente se hace historia recogida, historia recordada, Historia, mientras eso llega, y pasa, nosotros tenemos que trabajar mucho, y duro, y bien, desde hoy.
Bueno, no, desde mañana.
Hoy descansar para seguir trabajando.
Mañana será presente, pero mañana.

sábado, 14 de noviembre de 2009

¡UMMMM! Los grises muertos... de risa y miedo

O fue al revés, primero fue el miedo, luego la risa, reírse de ellos mismos ante la situación que se les presentó aquella noche, junto al cementerio del Oeste.

Seis señores, jóvenes y no tan jóvenes, con sus flamantes uniformes grises, dentro de su land rover gris ministerial -uniformidad que a poco tiempo, que nadie en aquel coche imaginaba tan breve, iba a cambiar de color, un más reflejo más del cambio total de una nación-, combatían como podían el frío que, a pesar de la protección que el automóvil ofrecía, empezaba metérseles en los huesos, ya tras varias horas de aquella guardia nocturna, rutinaria como otras, apostados junto a la tapia del cementerio y turnándose para la ronda que los llevaba, de dos en dos, a recorrer en paralelo a aquel muro, buena parte de su trazado.

La niebla había hecho hacía tiempo acto de presencia. Según pasaban las horas se hizo más persistente y densa. A las tres de la mañana no ser veía a un metro del coche en todas direcciones.

Volvía a esa hora la pareja que terminaba de hacer su correspondiente guardia en torno al rojizo muro. Pararon un tanto a furmar un cigarrillo rápido junto a autómovil antes de acomodarse de nuevo en su interior, buscando el calor del habitáculo y el calor de verse flanqueado, hombro con hombro, por los cuerpos de sus compañeros, y mitigar así aún más el frío de la noche.

Con la puerta abierta y a punto de subir, acababan de notificar al jefe de guardia el "sin novedad", a lo que el oficial contestó afirmando que a esas horas ya no saldría otro turno hasta las primeras claridades, antes de volver a la comisaría para cerrar turno y dar el relevo a los que entraban ese día en turno de mañana. Las bromas que surgían con lo espeso de la niebla y el lugar, justo a lado del campo santo, dieron paso a que no de ellos, recién trasladado de provincias, afirmase conocer una historia de almas en pena que ponía los pelos de punta y que mejor no contarla entonces, allí, junto a lo que descansaban para siempre, porque en su pueblo se sabía que además era cierta. Mientras en ese estaba el bienintencionado urbano de campo, entre las burlas de uno y el "no empecéis con lo mismo de siempre" de otro que sólo podía pensar en su pies helados dentro de aquel espartano land rover, se oyó un ¡¡¡UMMMM!!! que cortó en seco toda palabra y giró todos los cuellos hacía la dirección de dónde parecía provenir aquel lamento, pues así lo describirían quienes se atrevieron a contar el espisodio, tiempo después a sus más intimos.
Al silencio supino y los cuellos forzados acompañaron las miradas de miedo que nadie cruzó con los otros y el subir atropellado al coche de la pareja de policías que acababa de llegar mientras ambas puertas, aquella por la que accedían éstos y la delantera que el oficial hubiera abierto para recibir su informe de patrulla, se cerraron al tiempo con dos golpes secos y contundentes. Todos miraban hacia donde parecía que hubiera venido aquel sonido. Por varios segunda, nadie dijo nada. El campestre no pudo más y vomitó el nudo que le aprionaba la nuez: ¿pero eso que ha sido? Parecía que alguien se quejara... "¡Cállate", le ordenó sin dejarle terminar, el oficial. Al cabo de otros pocos segundos uno a uno empezaron a volver la mirada, miraban a todos los lados del coche, como esperando volver a oír aquel gemido en cualquier momento por cualquier sitido. Todos lanzaban miradas al oficial. Querían una explicación. "¡Qué mierda pasa! ¡Tengo monos en la cara o qué?! De aquí no se me mueve nadie hasta las seis de la mañana. Tenemos que acabar el turno." Nadie contesto. Agacharon la cabeza unos, otros siguieron mirando nerviosos por la ventanillas del coche, como itentando adivinar lo que escondía la niebla deseando no ver nada, y todos apregujados unos contra otros no sabiendo muy bien si buscaban el calor físico sin más y el bienestar que produce o la ficticia sensación de seguridad que transmitía.
Así tres largas horas.
La niebla empieza a despejar a la vez que la claridad a través de su cortina intuye un sol de estreno. Y por el espejo retrovisor se perfila el contorno de otro land rover aparcado unos metros detrás. Se abre y desciende un trinornio como cabeza de alfijer coronando el grueso capote verde. La figura de un guardia civil se acerca al coche gris. En cuanto el oficial puede ver claramente por el retrovisor un rostro humano enmarcado entre el negro superior y el verde oliva, desciende también del coche.
-"¡Buenos días!"-Saluda el guardia.
-"Buenos días!"-devuelve el policía.
-"¿Qué tal la guardia? Nosotros hemos pasado un frío hoy! ¡Qué nochecita!-Progigue el benemérito.
-"¡Y que lo digas! Entre el frío y la niebla se ha hecho larga la condená!"- Apostilla el nacional.
-"Nosotros hemos aparcado aquí sobre las tres. Pero no os hemos visto. Y como veníamos desde un trecho con la luces apagadas supongo que tampoco nos habréis visto"- Le explica al fin el guardia civil.
-"Ni oído que parábais el motor. ¿Vosotros no habéis oído el nuestro? Lo hemos tenido encendido hasta esa hora"- Se interesa el oficial.
-"Pues no. Estaban pasando varios coches por la carretera y con la niebla, habremos pensado que era alguno que disminuía para entrar en el cruce donde termina la carretera."
-"Y eso nos habrá pensado a nosotros también"-Le comenta el oficial mientras le ofrece un cigarrillo que el guardia civil acepta con la naturalidad de unos viejos conocidos.
-"Yo, según hemos parado, he tenido que salir a estirar las piernas porque llevábamos un buen rato en el coche. ¡Y qué sueño chico!"-exclama el guardia.
-"Pero con el frío este no hay quien pueda cerrar los ojos a gusto. Venga a bostezar. Te acomodas como puedes en el coche pero no hay manera"... le asegura el oficial.
-"Bostezo!!! Lo que no sé es como no he despertado yo a alguno de los que tienen hospedaje fijo ahí detrás -señalando la tapia del cementerio- ¡Me ha dado un bostezo al salir a estirar las piernas que me he asustado hasta yo! ¡Y todo este maldito frío y esta niebla que te cala!"
-El oficial mira de reojo a los suyos. Nadie dice nada pero a los gestos de sorpresa disimulada le suceden los gestos de alivio disimulado a igual nivel. "Pues mira que nosotros ni darnos cuenta. Habíamos oído algún ruido a esa hora pero al momento ha pasado un borracho andando como podía y hemos dado por seguro que habia sido él el del bostezo, pero ya te digo que lo hemos oído como si nada"- Acaba intentad no envergadura de nimiedad a la que dice.
-"Pues eso seguro que ha tenido que pasar algún coche al tiempo, que no me acuerdo, porque con lo cerca que estábamos sin saberlo, llego a estar yo donde vosotros, con esta niebla, y me voy directo a abrazarme a mi mujer, sin pasar por el cuartel para dar parte. Pues no te digo que me he asustado hasta yo!"-
Se miran y ríen mientras acaban el cigarrillo. Se despiden cordialmente. Cuando, unos minutos más tarde el land rover de la guardia civil arranca y se pierde al torcer en el cruce, el oficial manda hacer lo mismo para regresar a la comisaría: "¡Cómo se le ocurra alguno decir a los compañeros lo que ha pasado le meto un puro que se a acordar toda su puta vida de esta noche y no precisamente por haber visto un fantasma!". No puede evitar que se le vaya la risa, y con ella estallan las carcajadas dentro de land rover gris.
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Una dedicatoria a Gorriagán

Me encanta leerle. Me parece una mente privilegiada, y me encanta el contraste de todo este mundo interior por un lado, intelectual por otro, con lo que yo capto como timidez encantadora.

Es una persona de la que sé que puedo aprender, a la que sé que escucharé con los oídos desplegados "como parabólicos e inmesos platos", a pesar de descubrir, con cada lectura suya, que ando mucho más en desacuerdo con él de lo que en principio pude suponer.

Puede que se deban estas diferencias a -lo afirmo sin complejos, como una realidad que hay que asumir- mi inferior formación en todas estas lides políticas, culturales e intelectuales. Puedo que por que se menos de todas estas materias sea que tengo estas opiniones mías, y tal vez una mayor conocimiento me haría estar más cerca de él... estoy segura de que no se debe a eso. Estoy segura de que se debe a que intento conjugar mis conocimientos llamaremos "sabios" con los que me han aportado estos mis 36 años de existencia, mi experiencia en el trato con la gente en todas las facetas de la vida, mi experiencia propia de nuestra joven democracia en carne propia, y eso que se ha dado en llamar "inteligencia emocional"... estoy segura de que todos intentamos conjugar, de manera más o menos consciente, todos estos aspectos, y otros muchos, para llegar estar de acuerdo o no con otro igual.

Sea como fuere mi expediente académico e intelectual, con más o menos herramientas a mi alcance, intento llegar siempre a mis propias conclusiones, lo que no me impide disfrutar y admirar en otros lo que a mi me falta y considero un valor. Por eso mis desacuerdos con Gorriagán.
El primero ha sido su defensa del federalismo, sino tanto en el contenido fundamental, sí en formas, argumentos y tono y sobretodo en el momento de presentarlo que se ha decidido al fín, en la redacción de la ponencia política del primer congreso Nacional de Unión Progreso y Democracia.
Pero, desacuerdo o no por medio, estas líneas sólo quieren expresar mi admiración por Carlos Martínez Gorriagán por cuanto le considero una persona, como digo, de la que voy a aprender.

martes, 27 de octubre de 2009

AUTONOMISMO, FEDERALISMO Y DEMIURGIA JURÍDICA (II)

http://elautonomistamagenta.blogspot.com
A mi, personalmente, (y no se como les sienta a Vds.) los ejemplos de lo bien que funciona el federalismo en Estados Unidos, Alemania o Suiza (¿Por qué no hablamos mejor de Méjico o de Argentina?) me pone los pelos de punta. Cualquiera que conozca lo más mínimo la sociología de alemanes, suizos o estadounidenses, sabe que tienen un fortísimo sentido de pertenencia a la Nación; el estado federado es secundario para ellos; ¿alguien se atreve a afirmar lo mismo de España? Así que, por favor, hablemos de la URSS y su post, la llamada Confederación de Estados Independientes, que acabó como acabó; del Pakistán anterior al surgimiento de Bangladesh o de ejemplos como Chequia y Eslovaquia que se nos parecen mucho más (por no mencionar un ejemplo que pone los pelos de punta: Yugoslavia). Yo no creo en eso. Creo que una propuesta federalista no es trasversal porque es excluyente; no es progresista porque es revisionista, no es novedosa porque huele a rancia; de hecho, creo que toda esta discusión es contraria al espíritu de UPyD porque a quienes están luchando por subsistir en medio de esta crisis económica, les preocupa un pito esta discusión en la que se nos ha obligado a sumergirnos.Llamemos pues, a las cosas por su nombre: Hablemos de estados federados, si eso queremos defender. Pero, por favor, no confundamos a nuestros afiliados, votantes y simpatizantes, porque los conceptos significan lo que significan e implican lo que implican.No voy a entrar en Historia porque no viene al caso hacer un pormenorizado repaso de la particular visión de la misma que se tiene por algunos pagos; lo que llamamos Historia, casi siempre es interpretación y, casi nunca, ciencia. Sería entrar en una ‘probatio diabolica’. Pero, eso sí, permítaseme un único comentario. Carlos acierta cuando dice que la formación del Estado unitario español fue muy lenta y muy ambigua. Casi puedo aceptar que no cabe hablar de Estado unitario hasta la Constitución de 1812, saltándome a la torera los Decretos de Nueva Planta de Felipe V entre 1707 y 1724. Pero, resulta más difícil, cuando da un salto mortal y dice:“…hasta las Cortes de Cádiz de 1812, no se puede hablar con propiedad de una nación española…”.Vamos a ver: Una cosa es el Estado y otra es la Nación. No argüiría que existiese un Estado unitario anterior a 1812 porque, por devenir histórico (eso que nuestro compañero y dirigente pasa por alto continuamente) “las Españas” habían tenido un desarrollo complejo debido al desmoronamiento de la monarquía visigótica y la coexistencia, dada por la peculiar geografía peninsular entre otros muchísimos factores, de distintas monarquías peninsulares, tanto cristianas como musulmanas. Además porque el concepto de Estado no podemos encontrarlo sino en la Era Moderna, como mucho.Ahora bien, la nación española, el sentido de ser españoles, es absolutamente anterior, no ya al siglo XIX sino, incluso, al XV, XII o X. Deberíamos remontarnos tal vez a la Hispania Romanorum para entender ese concepto, compartido, no ya por los cristianos peninsulares sino, incluso, por los peninsulares de los reinos no cristianos (incluyendo a nuestros nunca suficientemente llorados moriscos y ladinos que fueron expulsados de nuestros territorios con grave quebranto de nuestra economía y diversidad de pensamiento y que siguen cantando su ansiedad por la Sefarad perdida) Así que, lo siento, pero no puedo aceptar tal argumentación.Ahora, está el tema de lo complejo que sería una devolución de competencias al Estado y que implicaría una profunda reforma constitucional ¡Pues claro!¡Eso mismo defendimos en nuestro programa electoral de 2008! Entonces no parecía preocuparnos ¿por qué ahora sí? Y otra pregunta más, si me permite: Desarrollar una Constitución federalista ¿no implica modificación constitucional profunda? Porque, de hecho, lo que se propone con ello es modificar la propia estructura actual del Estado. Así que la argumentación denostativa contra la devolución de competencias a un Estado unitario autonómico es la misma que puede usarse contra el desarrollo de una Constitución federalista. Tal reforma constitucional no daría en “una especie de federación” como mantiene Carlos Martínez; daría en un Estado fuerte, descentralizado en comunidades autónomas; no en reinos de taifas que contenten a los nacionalistas, que es su proposición. Vd. no propone un Estado unitario; Vd. propone un Estado compuesto, un Estado que incluye estados federados. Lo que no sueñan los secesionistas ni en su mejor sueño.Otra cosa: El artículo CE 150.2. ¡Pues claro que dice lo que dice! Y por eso mismo hay que expulsarlo de la Constitución, porque es un coladero constante para los sobornos de los nacionalistas. Muerto el perro se acabó la rabia. Resulta asombrosamente argumentativo decir que, porque existe ese artículo, debemos acabar con toda la Constitución y lanzarnos a la descabellada aventura de un proyecto de Estado federal. A mí me parece una tremenda irresponsabilidad política ese tipo de propuesta. Nos lleva por derroteros que no podemos siquiera imaginar y sigo pensando que, los experimentos, en casa y con gaseosa.Un último comentario: Debemos tratar con mayor sensibilidad a afiliados y simpatizantes, porque también hacen aportaciones interesantes al partido y no todo el mundo se acerca de manera malintencionada. A mí, al menos a mí, me preocupa cuando alguien disiente y se le dice que el problema es que no entiende. Esa forma de reacción ante el disentidor, ese paternalismo, como si de bisoño infante se tratase, implica una cierta falta de respeto hacia las entendederas del tal y que, el que tal arguye, se considera infalible y poseedor e intérprete de algún tipo de verdad absoluta, demiurgo que interpreta para el resto de los mortales el mundo de las ideas que sólo él puede entender. Y, como todo hemos leído a Moliere, diré que, quien así actúa, me recuerda al Alceste de ‘El Misántropo’ que a todos encontraba errados y falsos menos a su amada Celimena (¿la federalidad?) que en el acto quinto, escena séptima, le sale rana y le responde a Alceste:“¿Yo, renunciar al mundo antes de envejecer, para ir a enterrarme en tu desierto?”
Pues eso.
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AUTONOMISMO, FEDERALISMO Y DEMIURGIA JURÍDICA (I)

Resulta evidente que, en UpyD, debemos existir muchos ignorantes. Dicho así ¡vaya! Que suena fuerte ¿no? Dirán mis compañeros: ¿Y este? ¿De qué va ahora? Espero que en unas cuantas líneas seré capaz de explicarme (o de perder muchos amigos para siempre)Parece que existe una cierta preocupación en un sector del Partido por el creciente rechazo que tenemos muchos afiliados a la idea de incluir el federalismo entre los postulados que defendemos; y ello se manifiesta en la didáctica preocupación por explicarnos qué es y qué no es federalismo por parte de algunos de nuestros más respetados compañeros. Así, contra deseo, uno se ve en la acuciante obligación, ni buscada ni pretendida, de responder algunos argumentos que, en modestísima opinión, resultan infumables (dicho esto con todo el respeto para quien los emite, por quien siento personal admiración y, por eso mismo, tal vez, no logro entenderlo)Dice Carlos Martínez Gorriarán (en su artículo “Las ventajas del federalismo (I)”) que es “partidario ferviente del principio de llamar a las cosas por su nombre” y eso me parece genial porque de eso es de lo que quiero hablar en este comentario; quiero hablar sobre lógica y demiurgia jurídica.Para los simples mortales como uno, será bueno aclarar de qué estamos hablando. Cuando uno habla de Lógica jurídica se refiere, en palabras de mi inefable maestro Luis García-SanMiguel, al estudio del “lenguaje humano en un doble sentido:…cómo se usa efectivamente el lenguaje en los diversos campos del conocimiento humano y …en la vida corriente;...y también las condiciones del uso correcto del lenguaje.[1] Vamos, que las palabras tienen un sentido comúnmente aceptado, bien sea en sentidos técnicos, bien sea en el lenguaje corriente. Cuando se usan incorrectamente, por error o por deseo buscado, se crea confusión y se malinforma a quienes nos escuchan o nos leen.Cuando se habla de demiurgia jurídica, nos referimos a que, al usar términos que tienen un especial sentido jurídico (y el término federal lo tiene) es imprescindible explicar que esos términos representan un concepto jurídico específico que quiere decir lo que universalmente está aceptado que quiere decir y no otra cosa porque, si no, sería imposible la comunicación entre nosotros. Por ello, se puede llegar a necesitar a alguien que nos explique el sentido de esos conceptos y, a ese intérprete, lo definimos como demiurgo, el dios que, según Platón, traslada los conceptos ideales al pobre lenguaje humano para su entendimiento.Así pues, no cabe decir que da igual qué palabra usemos para definir un concepto jurídico abstracto como lo son Estado Unitario, Estado federal, sistema descentralizado, etc.; no es lo mismo homicidio que asesinato; no es lo mismo hurto que robo (que se lo digan a las compañías de seguros) no es lo mismo un pura sangre jerezano que el burro de la tía Eustaquia, por más que ambos sean equinos. No es lo mismo.Cuando mantenemos, contra lo que se entiende universalmente, que un Estado Federal es un Estado Unitario, estamos diciendo lo mismo que si afirmamos que abogamos por un sistema de dictadura democrática o un sistema de mercado fuertemente intervenido radicalmente liberal.Vuelvo a repetir lo que se afirmaba en un manifiesto que lanzamos algunos afiliados recientemente:“En cuanto a los posibles modelos subyacentes en nuestra Constitución, retomando los argumentos de eminentes juristas como el propio Cruz Villalón, Blanco Valdés o Solozábal Echevarría, debemos aclarar que cuando la forma territorial de Estado es políticamente descentralizada, no se está definiendo necesariamente un modelo federal porque esto sería confundir la parte con el todo; ello, porque, desde el punto de vista de la distribución del poder, un Estado puede ser unitario y centralizado, con un único centro de decisión política y un único nivel de autoridad aunque existiesen agentes u órganos delegados; puede ser unitario y descentralizado con una regionalización de la Administración y de los Poderes Políticos (lo que algunos definen como Estado regional) y también puede ser plural o compuesto (descentralizado, al cabo), que serían tanto el federal como el confederal. El Estado descentralizado podrá ser, por tanto, autonómico, federal o confederal, que sería algo más cercano a una unión internacional de Estados; así pues, no cabe la mixtión de descentralizado y federal, sino que hay que entender esto último como una de las variantes del Estado descentralizado”.A lo aquí dicho, hay que añadir que no se puede mantener que un Estado Federal es un Estado Unitario; conceptualmente, un Estado Federal es un Estado compuesto, nunca unitario, salvo que estemos otra vez con lo de “democracia a la española” que decía el último Presidente de Gobierno del régimen franquista, creando nuestro propio modelo, que no es que no podamos, es que hay que explicarlo a los ciudadanos y, ya te digo, que el perfil de nuestros votantes, que es muy específico, no gustaría de frivolidades como la que andamos debatiendo. Cuando hablamos, desde el punto de vista de la distribución del poder, un Estado podrá ser unitario o compuesto; si es unitario, será, centralizado o descentralizado; si es compuesto, será federal o confederal. El llamado Estado regional o autonómico, entraría en el supuesto de Estado Unitario y descentralizado que muchos proponemos.Ahora un segundo comentario. Cuando se afirma que “un Estado unitario [¿?] descentralizado fuerte, con un núcleo de competencias centrales que no se delegan a las comunidades autónomas, donde todas estas tengan las mismas competencias y capacidad legislativa, y donde en caso de conflicto la ley estatal (y las instituciones comunes) tengan la primacía sobre la autonómica, no es otra cosa que un Estado Federal” se están mezclando churras con merinas; porque esas mismas consecuencias se derivan de un Estado Autonómico. El problema está en la forma en que se desarrolle ese Estado; en cómo se interprete la Constitución; por eso, muchos no queremos comenzar de cero, sino corregir lo que es un buen sistema que ha quedado superado por el tiempo y que precisa correcciones y mejoras; lo otro, el estado federal, significa tirar a la basura todo lo bueno que hemos construido en los últimos treinta años, uno de los períodos mas constructivos de nuestra Historia de los últimos siglos, como si fuese basura. ¡Ah! Y de paso, tirar el sistema de monarquía parlamentaria y crear una república (¿o estamos pensando de verdad en una monarquía federal?)Ahora bien, en puridad, lo que se debía decir es que, en un Estado federal, lo que existiría no serían comunidades autónomas sino Estados federados; lo que se debería decir es que no hablaríamos de capacidad legislativa (que es común en ambos sistemas) lo que se debería decirse es que en el federalismo los estados federados tienen capacidad constitucional y sus Estatutos, que tienen competencia derivada de nuestra Constitución, pasarían a tenerla originaria y serían Constituciones con todas las de la ley; lo que tampoco se dice es que en un Estado federal desaparecería la unidad jurisdiccional y tendríamos diferentes sistemas judiciales; debería añadirse que esos estados federados tendrían soberanía, limitada, eso si, pero soberanía al cabo; se acabaría aquello del artículo primero de la Constitución de “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado” que sería sustituido por la soberanía del pueblo extremeño, del vasco o del de Patones de Arriba (que al menos tendría más sentido histórico) ¿se imaginan cómo usarían esto los nacionalistas?¿De verdad alguien se cree que el establecer una república federal detendría a los nacionalistas catalanes, vascos, gallegos o a los miméticos aspirantes secesionistas de otras regiones o les daría alas? Y digo yo ¿por qué no se dice? Si tenéis paciencia, creo que podré aclararlo en la próxima entrega.[1] Notas para una crítica de la razón jurídica, Luis García-SanMiguel, Ed. Tecnos. 1985, pág. 29

viernes, 2 de octubre de 2009

La batalla en el jardín

una minihistoria (hasta el gorro estoy del término microrelato)

Ahora un cuento -como todas las mañanas anuncia el Jardín de los sueños que encandila a mi mitad de dos años-.

Salieron las pobres, exiliadas, a lo brutal del día. Acostumbradas como estaban a la comodidad de su oscuridad, de su cómoda caverna, oscura y húmeda, de su hogar, pues así es su hogar. Salieron la mayoría expulsadas. Solo unas pocas, contadas casi con los dedos de una mano, quedarán en sus aposentos, cumpliendo su labor en lo oscuro de sus galerías hogareñas.

Hoy seguían muchas, tras un día entero de penoso peregrinar en busca del descanso del acabar definitivo, apegadas a ladrillo, amontonadas no se sabe si para darse calor o para defendense de las obreras que buscan sus cuerpos, muertos ya muchos, otros casi, como otro trozo más de alimento que llevar a su hogar, para alimentar al rebaño, a todos.

Es una ley inmutable. Salen a morir y lo saben. Es como ha de ser. No hay justicia ni maldad. Hay naturaleza que asegura la supervivencia del conjunto. Y nada más.

Las simpáticas hormigas aladas invadieron ayer las calles, desorientadas, andando, sin usar esas grandes alas inútiles, buscando cansarse cuanto antes para cuanto antes acabar y cumplir con su ley natural. Obligado cumplimiento. Cumplimiento castrense de todas ellas, sin penas, sin compadecerse de su suerte. La NATURALEZA DE LA SUPERVIVENCIA ¡NATURAL!

Da miedo=soy una cobarde

Que no se atreve a reconocer que lo que mejor hace es lo que debería hacer. Debería dedicar tiempo a madurar ese oficio innato con el que nació.

Hay muchas tramas, hay que ordenarlas, hay que enlazarlas, como se enlazan las vidas, los hechos, los lugares, los acontecimientos, las acciones, el tiempo, los tiempos... hay que trabajar inventando toda esa vida paralela, que existe mucho antes de este universo paralelo y electrónico que no deja de ser eso, un vehículo para seguir transmitiendo ideas, ficciones, tramas organizadas, entrecruzados, como la vida misma... el medio electrónico, el no ya no tan nuevo medio electrónico nos tiene revolucionados pero no ha venido sino a ser eso, un medio que hay que usar... otra variante en en la trama...

Las ideas sino se exponen en él, no es tal el vehículo, la autopista está abierta y hay que usarla

viernes, 31 de julio de 2009

La niña...

había salido a por leche. Su madre la había mandado a por un poco de leche a la única vaquería que aún funcionaba. Era cara, pero habían podido vender como madera unos enseres viejos que encontraron y podían permitirse esos días traer un poco de leche a casa.

Todo el camino era subida. No una gran cuesta, pero sí muy larga. Tardaba un buen rato en llegar hasta la vaquería. Allí doña Eulalia se encargaba de medir cuidadosamente la leche, de las dos vacas que aún le quedaban, con arreglo al dinero que le presentaban.
Aquel día lo largo de la caminata no le importaba demasiado. Era una mañana fresca, suave para como lo habían sido las últimas. El cielo hablaba de lluvia. Algo de lo que se alegraba. Era mejor mojarse un tanto que subir y bajar aquella larga cuesta con el calor de día atrás. El ambiente seco hacía que se levantara mucho polvo al paso de carros, y ella notaba como la tierra se le colaba por la nariz y la boca, aventada por el movimiento de las ruedas y las patas de los animales.
Esa mañana era bien distinta, una mañana que invitaba a recorrer aquel paseo incluso sin haber sido necesario, tan sólo por el placer de caminar oliendo a tierra mojada, pensaba.

...

Sin actividad por exceso de actividad

vamos, que no he entrado a escribir nada desde el 11 de julio porque llevo trabajando, de manera remunerada desde hace casi dos años, estas últimas semanas.
Han sido unos días intensos, de trabajar mucho, de aprender mucho, de apoyarme mucho en los míos.
Pero no me olvido de mi rincón en Internet.

sábado, 11 de julio de 2009

Tanta paz te lleves como descanso dejas

Eso lo dicen mucho en algunos círculos de sabiduría popular -los corrillos de vecinas al fresco de una noche de verano en cualquier pueblo- al referirse a personas que han demostrado ser problemáticos por uno o varios motivos, o entorpecer la labor de otros con su manera de proceder o sus palabras.

En esta frase se encierra la declaración de intenciones de las personas de sentido común, respetuosas, y sinceras, con quien no lo es con ellas.

"Vete a algún sitio donde espero que estés mejor, que yo me quedo muy tranquila perdiéndote de vista". Eso nos ha pasado a muchos estos días al saber de las despedidas de otros, conociendo sus trayectorias.
Pues no hay que dedicar mayor tiempo a los "adiós" provocados por según qué desencuentros. Ahora que cada cual siga su camino.
Los que en esta engorrosa historia de "crisis magentas" somos los que nos quedamos, ya tenemos muy en pasado el "adiós" buesil y de sus compañías, y ya estamos centrados en trabajar por el proyecto que nos une que es la libertad e igualdad de todos los ciudadanos.

Un saludo a todos

martes, 7 de julio de 2009

Me siento varada,

como una ballena que se muere en la playa, me siento varada.
La vida ahora es fácil y por eso me siento varada.
Necesito complicación, más de la que hay.
Me siento cansada y sé que es porque no tengo nada que me guste en lo que realmente me canse.
Tengo lo más importante, pero desde él he de salir a complicarme la vida, sino no soy yo, me prostituyo por una vida cómoda y dejo de ser yo.
Y así dejarán de amarme y acabaré perdiendo el sustento para seguir cultivándome.
Como respirar, tengo que escribir como otros han de respirar.
Si no, no soy yo. He de pensar en remolino, pensando en cuántas cosas confesar, en cuántas inventar, en cuántas idear, sino, no soy yo.
He de mirarme el ombligo cuando me toque, y más allá, retando al blanco, porque sino dejaré de ser yo.
Tengo que seguir torturándome ante el blanco, sufriendo las letras, y luego las palabras, y dentro las ideas, hasta contar una historia porque sino, no soy yo.
Y mi madre lo sabe, y mi padre lo sabe, y mis hermanos lo saben, y mi amiga lo sabe, y mi tía lo sabe, y él lo sabe, y lo sabe hasta Dios, que sino, no soy yo.
Le letra va conmigo y yo con la letra,
y la letra soy yo,
y las palabras yo,
y yo las palabras,
y yo el pronunciarlas,
y el pronunciarlas yo,
y yo el escribirlas,
y el escribirlas yo.
Y yo mis historias,
y mis historias yo,
las escritas, las pensadas, las ni pensadas...
todas son yo,
y todas son un presente,
continuo mientras yo exista.
Y después, yo estaré en ellas.
Y estoy en ellas, ya son yo.
He de seguir siendo,
o interrumpir(me) queda

La economía ha de ser medioambiental

ése y no otro debe ser el eje de nuestro modelo de crecimiento.

Hoy en las noticias hablan de que somos el país de la UE con más expedientes abiertos por irregularidades y actuaciones contra espacios protegidos. La mayor parte del ladrillo que se ha quedado sin vender gracias a espejismo inmobiliario está en el litoral. Alguien en la noticias denunciaba que ahora el litoral español es un "cementerio de ladrillo". Es un buen término para explicarlo.
Luego se llamaba la atención sobre nuestro principal cliente de Sol y Playa somo es el pueblo alemán. Ellos siguen viniendo, parece que apenas se les nota la crisis en sus vacaciones, pero se fijan, mucho en el estropicio que hemos hecho en nuestras costas, y empiezan a desviar su atención a nuestros interiores históricos y serranos.

Yo lo traduzco como que el hambre el turismo de sol y playa va a llegar a medio plazo, sino hacemos economía del medio ambiente y, en él, nos dedicamos a cuidar de nuestra naturaleza para seguir sacándole dinerito, trabajo... riqueza y prosperidad.

Somos punteros en algunos sectores de las renovables, pero eso es el principio de lo que podría ser una economía basada en hacer dinero cuidando el medio ambiente, formar trabajadores cualificados con vistas a un eje económico tal, y formarlo con una educación acorde, competitiva y bien asentada.

Todo se relaciona.

jueves, 25 de junio de 2009

Malas noticias

Mi cara no suele decirlo, no le suelo dejar que lo diga. Mis letras, en cambio... pero no te asuste, lector mío -amigos varios que os pasáis por aquí- ellas son mi principal vía de escape, mi forma de vomitar lo que me corroe y poder así seguir adelante.

Esta semana, con todo, no puedo dejar el tono tristón y pesimista. Hace una semana mataban a un hombre, padre de familia, por cumplir con su trabajo y hacerlo por principio. Era policía en el país Vasco. Todos conocemos a estar alturas su nombre. Hoy la muerte me marca de nuevo la rutina, más en privado -tal vez incluso me duele más, hay que ser sincero- porque se trata de la muerte de un niño, de apenas 10 años. Murió hace una semana.
Conocía a su padre. Un hombre, que con todos sus defectos, me parecía cabal y para quien su hijo lo era todo, lo único, aunque la rutina no le dejase demostrarlo todo lo que le hubiera gustado, o al menos así era cuando yo les conocí, a padre e hijo.

Me he tirado un buen rato sin poder reprimir el llanto -no pasa nada por reconocer que se llora, no llorar es lo grave-.

Tu niño, tu hijo, apagándose y me imagino en su situación, y no puedo. ¿cómo imaginar todo ese dolor por ver morir y sufrir a un hijo, y tan pequeño? La enfermedad se lo llevó no sin antes llevarse toda su energía. Todo ese dolor... sobrevivir a un hijo.

¿Os parece que con esto puedo ser hoy positiva? Sí, tengo muchos motivos para serlo. Hay mucha gente peor que yo en este mundo. Empezando por ese amigo que ya no tiene a su niño.
Yo hoy soy un poco, lo que puedo, ese padre.
Yo no puedo, no toca ser positiva.
Toca duelo, dolerse, es lo que toca...

miércoles, 17 de junio de 2009

Hasta hoy

no me he encontrado con ánimos para venirme aquí y dejar unas líneas. Ando estos días un tanto desalentada conmigo misma y con la sociedad en su conjunto por muchos motivos que no voy a enumerar ahora. No tengo ganas de hablar de nada político. Ya lo hacen otros mucho mejor que yo.

Hoy toca divagar. Detenerse en esa luz sombría, perezosa que entra por la ventana y lo inunda todo de tranquilidad luminosa. En el silencio, deternerse en el silencio imposible al teclear estas letras.

Letras es mi trabajo, mi alma, mi todo. Por lo que soy lo que soy. Y hoy debo volver a ellas. A la imagen que me las inspira y por la cual me espera esa niña muerta de frío y tú, esperando a saber por qué murió de frío tan sola, sin imaginar que iba a morir así. Pues sigue esperando. No ocurre nada en esa espera, no es tensa. Ahora me voy de aquí para poder dar aliento a tus segundos invertidos en este mismo lugar. Me voy porque lo manda esa imagen, de esa niña, para que ni ella ni tú esperéis más de lo necesario.... adiós...

martes, 2 de junio de 2009

Cinco carteles magentas tuvieron la culpa...

o fue quien los rompió y los quitó de las paredes, de los lugares que los afiliados de Unión Progreso y Democracia de Daganzo habían elegido cuidadosamente, porque apenas si contaban unas decenas de carteles electorales para la Campaña de la Elecciones Europeas de 2009. El presupuesto del partido en aquella época era exiguo y se repartía al milímetro.

Ella no sabe qué le pasó por la cabeza cuando, tras casi cinco días de comprobar cómo aguantaban su escasa, vistosa y simbólica cartelería, comprobó esa tarde, mientras acudía a la guardería a recoger a su niña, cómo cinco de ellos, los más visibles al paso de transeúntes y conductores, habían sido arrancados. Al mismo tiempo comprobó que los carteles de los grandes partidos -los dos que se repartían la municipalidad daganceña hasta entonces-, PSOE y PP se llamaban en aquel entonces, estaban en su sitio. Algunos de los magenta habían sido adosados a la pared tapando el de uno u otro signo, ya que ya el primer día de campaña se ocuparon, sus respectivos servicios profesionales del sector- entre las 00:00 y las 8 de la mañana del día siguiente de inundar la localidad -como el resto de España- de todos los símbolos y material de propaganda política que el paisaje urbano pudiese soportar. Pues como digo, alguno, se asentaba sobre otro cartel y resultaba que dicho cartel, al arrancar los magentas, seguían en su sitio, inmaculados, de lo que se concluía, al menos así lo entendió ella, que, quienes se entretuvieron en arrancar lo que con tanto esfuerzo -esfuerzo voluntario, no profesional, alimentado con al espíritu y la fuerza de las ideas y sin ninguna remuneración de por medio- les había costado colocar a ellos, habían tenido buen cuidado en no despegar los de los grandes partidos.

Lo pensó un segundo, como un segundo duró el vistazo que echó a uno de los carteles, a lo poco que quedaba de él.
En el paseo hasta la guardería de su hija comprobó que la propaganda de PSOE y PP estaba intacta, incluso era más numerosa, y también más irrespetuosa con las fachadas y propiedades privadas.

Lo decidió en ese segundo. Su marido se sonreía. Sabía que lo iba a hacer.
Había conseguido otros pocos carteles en una acción conjunta con otros afiliados de otras poblaciones. Hasta ese segundo no creyó que fuese a usarlos.

A las 21:30 h salía de la habitación de su hija. La dejaba tranquila, en su cuna, después de su rutina diaria de baño, cena y cuento para dormir. A las 21:35 besó a su marido y le dijo que no tardaría más de media horita. En la puerta de casa, hizo la mezcla de la cola en el cubo de fregar. Unos minutos más tarde, gorra magenta bien encajada, guantes, el cubo, brocha, y carteles bajo el brazo se encaminaba a pegarlos de nuevo.

No había mucha gente por la calle. La noche que caía heredaba el calor que la tarde había dejado en el asfalto. De no ser día laborable las terrazas de bar por las que pasaba hubieran estado más llenas. Los clientes se la quedaban mirando. De igual manera, en plena faena de pegada de carteles en solitario, los vecinos que aprovechaban la calidez de hora para pasear o sacar al perro detenían su mirada en ella.

Y ella a lo suyo. Con vergüenza escondida bajo la visera, en la misma cantidad que su decisión de volver a pegar los carteles exactamente en el mismo sitio del que los habían arrancado. Los magentas, los únicos que habían arrancado.

Cinco carteles. En los lugares más visibles de la localidad, de Daganzo de Arriba, cinco tuvieron la culpa.

Escribo esto a las 23:00 de la noche del 2 de junio de 2009. Hace apenas 90 minutos que ha pasado todo esto.
Y todo por creer que las cosas tienen que cambiar, y que UPyD transmite ese cambio. Estamos re-ge-ne-rán-do-nos como ciu-da-da-nos.

Nieves Milagros M. G.

martes, 26 de mayo de 2009

Desde su/tu/mi ventana...

he visto este fin de semana pasar algo no muy al uso. Algo que otros ya van dejando de lado por parecer de otra época muy lejana ya. He visto a un grupo de ciudadanos, con sus propios coches, usando de su tiempo libre, para difundir lo que ellos creen que es una opción real a lo que en política española está siendo, en mi humilde opinión, un quiste más que una tradición. Ese quiste es la política de los grandes partidos nacionales.

He visto un color diferente al azul o el rojo, un color vivo, actual, un color de siempre, que siempre ha estado ahí, pero lo he visto pasar más fuerte, instalado en sus banderolas, en sus carteles, en sus mensajes gritados al aire desde el salpicadero de ese coche anónimo de ciudadano anónimo.

Unos vecinos les miraban intentado recordar que habían visto esa imagen, ese símbolo, otros lo miraban reconociéndolo y frunciendo el ceño al instante, otros simplemente lo miraban sin molestarse en que su pensamiento dedicara su atención un minuto siquiera a otra cosa que no fuera su propia rutina -aptitud muy respetable por otra parte-.

Y otros, en plural, saludaban el paso de la comitiva, sonreían y saludaban, sin conocer a las personas, pero saludándolas con la sonrisa en la cara por el color que mostraban, por el color que el mensaje simbolizaba.

Desde su/tu/mi ventana los he visto pasar, los he escuchado en la voz de su Rosa, y me ha vuelto a asomar esa sonrisa que tengo desde que soy magenta.

La sonrisa que se va instalar en el Parlamento Europeo el próximo 7 junio, una sonrisa magenta serena, clara y segura.

viernes, 22 de mayo de 2009

Me ronda la imagen de una niña...

muerta.
Aterida de frío. Con su pequeño puño cerrado. Dentro de su manita unas monedas. Junto a la otra mano el asa de una golpeada lechera que el frío ha logrado zafar de su dedos. Así se quedó, esperando a que pasase todo. Esperando que dejasen de caer bombas el frío la mató. Me duele pensar en lo sola que estaba allí, en sus últimas horas. Pero dicen que es una muerte dulce, que te quedas dormido. Espero que sea cierto, con toda mi alma, porque mientras invento recordando su imagen, una imagen inventada de una niña real muerta en una guerra, el dolor se instala en mi pecho, la lágrimas en mis ojos, por la infancia, por su inocencia, por su frío, por su sufrimiento, por su miedo, por su pequeña vida tan marcada que ha marcado la mía, 70 años más tarde.

Te estoy contando su historia para que la leas, espérame..

Me gustan los cuentos... y lucho por un final feliz continuo

Y aquí estoy, convencida de que he llegado a buen velero, un buque magnífico, que me llevará, a mí y a mi inocente y simple visión de la vida, a buen puerto, al puerto donde está el príncipe azul, aguardando perdido desde que le exiliaron por ser más guapo y más bueno, por ser mejor de los que querían ser como él. Y le traeremos de vuelta.

Mi pobre príncipe azul se llama sentido común, sin quererlo se enfrentó a la mediocridad, su bondad causó la envidia de la mediocridad, y allí lo dejó, aprovéchándose de su buena fé, lo engañó hasta dejarlo esperando en aquel puerto. Volverá, y se quedará.

Aquí sentada sin poder parar...

quieta la cabeza.

Rosa Díez hace mención de nuevo -las veces que habrá que decirlo, da igual, se dirá- a la mediocridad instalada como principio rector de la política de este país durante tanto tiempo.
He tenido ocasión, para desgracia de mi esperanza en el principe azul, de constatar que la mediocridad está instalada en nuestras vidas en demasiadas parcelas.
Cuando uno de los primeros consejos que recibes en tu incipiente vida laboral -en mi caso años ha- es "sé uno mas, sin destacar en nada, que si no te llueve marrones por un lado o por otro" por no decir que te conviertes en un "comemierda", como también he escuchado en multitud de ocasiones. Y el consejo, y el adjetivo compuesto de esa unión tan desagradable que suponer unir el sano acto de comer con justo lo contrario -lo que ha de salir por el orificio contrario al comer-, con la mierda han resonado, resuenan en mi cabeza una y otra vez, lo tengo bien presentes, aunque en mi caso sea para obviar lo evidente siempre que puedo, en esa rebeldía que siempre me han recriminado quienes me conocen, en ese ímpetu por conseguir hacer las cosas de la única manera que han de hacerse: bien. Sea lo que sea, hay que intentar hacer las cosas bien, de la mejor manera posible, para uno mismo y para los demás.
Ese principio que rige mi vida desde niña, no recuerdo cuándo -supongo que tiene que ver con la primera vez que mi madre me situó en el papel de modelo y ejemplo para mis hermanos, y que yo asumí como lo más normal, porque era la primera, la mayor, por eso y porque lo decía mi madre-, pues ese principio se pega de frente, se pega de leches con ese consejo que he tenido que seguir en más de una ocasión para seguir cuerda y sobrevivir a muchas situaciones dejando lo del Bien y la Justicia aparcados.

La vida laboral ha sido el entorno en el que más he podido apreciar lo útil de esta recomendación, en inversa proporción, ésa utilidad, a mi pequeño corazoncito y mi inocente idealismo. Pero en la vida cotidiana, fuera del trabajo, ha resultado igual de aplicable: "sé uno más sin destacar en nada", a lo que he tenido que ir añadiendo, de cosecha propia o ajena otras palabras como "si destacas por hacer las cosas bien, por tener iniciativa, al final la única perjudicada vas a ser tú". Y éste es, comprobado, uno auténtivo principio en la "productividad" de éste país. Sí, esa productividad que no tenemos, en la que estamos a la cola porque, entre otras cosas, no se premia a los que demuestran interés y capacidad, sino que se les castiga por no ser como los demás, por querer destacar, por no ser mediocres.

Mi experiencia personal, mi experiencia laboral me han dado lecciones en ese sentido, duras, pero por fortuna para mi espíritu también me han dado esperanzas, me han dejado a puerta abierta a la esperanza que necesitaba para seguir luchando en la medida de mis posibilidades como ciudadana, como persona, y, con esa esperanza latente, con ese principio aún rigiendo mi vida, me fui a topar con lo que buscaba desde que salí de la facultad. Escudriñaba el horizonte de la política esperando que mentes parecidas, con ese germen de sentido común, de mal visto idealismo, de utopía, de creer que las cosas hay que hacerlas bien, porque es la única manera de hacerlas para beneficio de todos, la más barata a la larga, mentes desde luego más sobresaliente que la mía, con mayores capacidades en campos que a mí se me escapaban, llegaran a discenir, en algún punto del tiempo que yo llegara a ver, que había que organizarse para cambiar las cosas desde la política. Desde pequeña, desde que nació mi amor por la Historia, me pareció de "sentido común" que la política fuera indispensable para el avance de las sociedades, porque política es dialéctica, entre grupos, entre individuos, dialéctica es comunicación, la esencia del ser humano, su capacidad de comunicación con sus iguales. Su capacidad para hacerse entender y transmitir su mensaje.
En eso estamos cuando denunciamos la mediocridad, en eso, en hacer llegar el mensaje de Unión Progreso y Democracia al conjunto de los ciudadanos, desde cada ciudadano, hablando con cada uno, pidiendo sus preguntas, escuchándole frente a frente.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Hablaban....

y hablaban. Llevaban así horas y horas, muchas más de las que se habían visto aquellos dos únicos días, 12 y 13 de mayo de 2009. Y era para lo que estaban allí. Para hablar, y hablando llegar a conclusiones, a acuerdos por los que se tomasen decisiones para dar soluciones a los problemas de los que les habían dicho, con su voto, que tenían que estar allí sentados, hablando.

Lo malo es que hablaban, pero no parecía que llegaran a muchas conclusiones que llevaran a soluciones. Los que les habían votado, los que les habían puesto allí, los veían a través de sus televisores, de sus radios y periódicos, cada uno en su casa, con sus familias, y no comprendían como se podía perder tanto tiempo en hablar sin llegar a solucionar apenas nada.

Y empezaban a preguntarse ¿Para qué les votamos?
Cada uno se preguntaba ¿Para qué les voté? ¿¿Qué están haciendo?? ¿Así trabajan por mí? Dudas, alimentadas por la forma de proceder de aquellos a los que se pagaba para que hablasen entre sí, dudas alimentadas porque sus palabras, sus palabras acumuladas en discursos, no parecía que dijesen nada.

La palabra está para transmitir un mensaje, pero los que les habían votado tenían la sensación de que usaban la palabra para todo lo contrario, para peder tiempo, para no decir nada relevante, para distraer, para no hacer su trabajo, sino para seguir allí, sentados, hablando, y hablando y perpetuarse así, con palabras engañosas.

Al menos así debían pensar muchos de aquellos que votaban, porque un pequeño grupo, harto de ir a votar y ver que, años y años y los sentados no hacían su trabajo, empezaron a hablar entre ellos, y se dieron cuenta de que pensaban igual, que, hablando ellos sí estaban llegando a sitios, a puntos que sí podían dar solución a los problemas.
Hablando, llegaron a la conclusión de que debían entrar en aquella sala donde estaban los que cobraban por hablar, para hacer oír las ideas y conclusiones a las que llegaban, porque podían aportar soluciones y hacer que de nuevo, las palabras sirviesen para lo que debían.
Y la decisión fue seguir las reglas, y cumplir con la ley de todos, de los que cobraban por hablar y de los que les votaban, para entrar en aquella sala haciendo bien las cosas.Y lo consiguieron.

Al principio fueron pocos, sólo uno en el principio. No le daban tiempo a hablar para poder decir todo lo que quería, pero estaba por fin y ese primero -que tuvo de género femenino- fue el principio de todo un cambio político. Un cambio que muchos, tanto de los que cobraban por hablar como de los que les votaban para ello, muchos no entendían ni querían que se diese ese pequeño cambio, porque no lo consideraban necesario unos, otros porque sabían que el cambio no iba a ser pequeño, y que era reflejo de un cambio mucho más profundo que se daba entre todos los que votaban.Entonces eran pocos, sólo uno a la vista de todos.

Entonces... ¿Cómo siguió la historia?
La estamos escribiendo.

domingo, 10 de mayo de 2009

Intenso, in crescendo

Son los calificativos que me vienen a la mente al tratar de definir esta semana que acaba en la actividad de Unión Progreso y Democracia. Esto es precampaña de Europeas. En unos días lo llamaremos campaña. Tras el 7 de junio nosotros deberemos centrarnos en la preparación de nuestro primer Congreso, sin desatender, por supuesto, la actividad en los CELs, a la par que los demás frentes abiertos, que deben seguir abiertos, amén de los que debemos seguir abriendo.

Y venimos de las elecciones vascas, resultado materializado estos días ese flamante primer Lehendakari constitucionalista.

La actividad no cesa, se va incrementando, y así va a seguir hasta finales de octubre, mínimo.
Y así debe ser. Seamos un partido pequeño o grande hemos venido a esto. Sabíamos que éramos pequeños y hemos asumido el reto de competir con "los grandes partidos" para lograr un cambio real en beneficio real del ciudadano, haciendo política desde, para, por y con el ciudadano.
Ese reto implica intensidad en aumento.
En el camino ratos de pequeños desánimos, nada importante porque todos se superan.Nada importante porque todo lo supera el gran Ánimo que nos impulsa. El creer lo que hacemos ha llegado el momento de hacerlo, que hay que hacerlo y que vamos a lograrlo.

¿Qué resultados? No me he de mojar yo en augurios, pobre aprendiz de político, pero en mi interior sé a dónde quiero llegar como parte de este proyecto, y quiero llegar a ver cumplido este proyecto.
Quiero un horizonte de bienestar para los españoles, un horizonte asentado en bases firmes, que no desplomen como un castillo de naipes en cuanto arrecie el viento.
Quiero un horizonte al que se mire con sentido común, un horizonte en el que se vea un futuro a largo plazo, más allá de 4 años y un día -que más que el plazo de una legislatura de gobierno parece un condena ¿Nos condenan a sus gobiernos cada 4 años? ¿Cada cuatro años elegimos qué cruz "de los grandes partidos" soportamos como condena? ¿qué hemos hecho para estar condenados a estas dos cruces de insensatez, mediocridad y mentira?-
Este fin de semana mi grano de arena en la labor de Unión Progreso y Democracia fue promocionar y escuchar, de mil amores, a dos expertos en Economía, afiliados y colaboradores de UPyD.Todo el panorama desolador, las preguntas que llevo haciéndome años sobre porqué íbamos hacia donde íbamos y nadie hacia nada, resultó que tenía la respuesta que yo me había dado, la que me negaba a aceptar, porque presuponía a la clase política de este país un mínimo de decencia y compromiso con los ciudadanos españoles.
Pero cuando más sé, cuando más conocimiento tengo, cuanto más escucho y leo a expertos como los de ayer, unos afiliados, otros muchos independientes, más se confirma la respuesta, en economía y en tantas otras facetas de la vida de este país nuestro.

Los intereses partidistas son los que han movido y mueven la acción de "los grandes partidos" en manos de quienes hemos dejado nuestro gobierno.

Por fortuna eso va a cambiar(me asoma una sonrisa segura y tranquila, la sonrisa que tengo desde que trabajo en Unión Progreso y Democracia)

jueves, 7 de mayo de 2009

El señora Turpin aguarda, paciente

a que de una vez por todas me detenga a dedicarme a mí leyendo su historia. Van ya imnumerables intentos, uno cada noche desde hace semanas y tras tres renovaciones de salida en el biblioteca municipal.

Esta vez es la definitiva. No quiero dejarla esperándome en la estantería, silenciosa, gritándome son sus silenciosas letras, palabras, frases, que encuentran eco, eco, eco rebotando en mis neurones.

¿Y a quién culpar entonces de que doña Turpin me aguante tantos desplantes? Tantas cosas, vida diaria. 24 horas que no dan para todo. Y cuándo lo hacen te deleitas en la ilusión, mentira bonita, de que el día siguiente podrás estirar aún más esas horas.

Ayer me llamaba doña T desde mi bolso. Me pareció, mientras lo cogía con mi habitual falta de cuidado, aprisa, como siempre, para salir, aprisa, hacia el hipermercado, a por la compra que define una niñita de 19 meses. Y, mientras avanzaba mi paso más atropellado que ágil, el bolso clavaba sus asas y yo me preguntaba qué llevaba a aquella hora dentro para que me pesase así. Me detuve entre los coches del aparcamiento. Los carritos de la compra, encadenados a su aparcamiento correspondiente fueron los mudos testigos de mi gesto, cuando, al caer la luz del sobre los tesoros de mi bolso, me saludó primero el blanco de su canto y el verde de sus tapas, de las tapas del libro que me espera para contarme la historia de doña T.

Mi gesto era la disculpa, sin palabras. Buscaba una disculpa, mirando aquellas tapas verdes de piel, una disculpa que me eximiese de mi pecado. El pecado de elegir planchar, limpiar, hacer camas, quitarle el pañal a mi niña, hacer la compra, buscar trabajo, pensar en política, escribir este blog, todo antes que escuchar las páginas de su historia.

Buscaba una disculpa, de doña T y de don Pombo, pero no la encuentro porque no me la otorgo. No tengo disculpa ni me merezco. No hay excusa. Esta ilustre pareja que ya forman en la literatura, la señora T y su creador, el señor P, pues no me han de disculpar la falta si acabando el día les retomo ya en la forma y modos definitivos.

Nieves: ¡Ponte a leer de una santa vez!

viernes, 1 de mayo de 2009

¡Qué envidia!

Cuando he visto a los sindicatos en Francia, en el 1 de mayo, el día del trabajo, en la calle, comportándose de manera cívica, reinvindicando con el respeto a las normas de convivencia ciudadana. Pero todos a una, advirtiendo al gobierno, poniéndose en su lugar para poner en su lugar al gobierno.

¿Y nosotros, nuestros compatriotas militantes en los sindicatos españoles? ¿Nuestros sindicatos? Fuera de cumplir con trámite de dejarse ver hoy, fuera de cumplir con la irremediable exigencia de siquiera mencionar de manera tibia la palabra "huelga" hoy, ¿Cuándo van a hacer lo que tienen que hacer?

jueves, 30 de abril de 2009

¿Quieres saber adónde vas?

Poca cosa. ¡Pues no es moco de pavo! Ni más ni menos que eso, el sentido de la vida. Por lo que estamos vivos, nuestra razón de ser. Si lo vemos como parte del reino animal que somos, un mamífero más, un ser vivo más, lo único que hacemos es reproducirnos para perpetuar la especie. Y se nos da mejor que a ningún otro bicho viviente, tan bien que, como no tengamos cuidado nos comemos la teta que nos da el sustento y de paso nos zampamos también al resto de bichos que viven aquí con nosotros.

Pero no, no he empezado estás líneas buscando ese sentido a la vida, que está muy claro, ni aún para hacer un alegato ecologista con el que por otra parte estoy muy de acuerdo, bien entendido, como todo.

He empezado estás líneas para ver si saco algo en claro a través de ellas, a ver si le doy respuesta a esa pregunta que nos hacemos como seres pensantes que somos, como seres pensantes que además necesitan, tanto como respirar, saber a dónde se dirigen. Y digo bien, tanto como el respirar, aunque a muchos les parezca exagerado. Los que de nosotros no conseguimos dar con nuestro sentido -cada uno tiene el suyo- podemos respirar, sí, pero no será una respiración plena si no sabemos para qué respiramos. Sobreviviremos respirando sin más, pero cada uno de nosotros sabe en nuestro interior que lo que queremos es vivir, no sobrevivir. Precisamente por eso nos distinguimos del resto del reino animal, es eso y no ya en la inteligencia en sí, por mucho que través de ésta adivinemos, por puro, llamémoslo “instinto racional”, que queremos saber nuestro porqué.

En mi caso lo he tenido claro desde que aprendí a leer. A estos tiernos 32 años me siento afortunada de haber tenido tan diáfano el camino entre la pregunta y la respuesta, y creo que en gran parte por eso mi vida ha sido como ha sido hasta este punto. Lo sigo teniendo igual de claro, ¡menos mal! Aunque las vías para lograrlo han ido variando. Mi sentido primero sigue ahí, y espero conseguirlo, pero sólo lo sabré cuando sea una anciana y haga repaso de mi vida. A él se ha unido otro sentido del que sólo he sido consciente en los últimos años, y que creo que tal vez fuese incluso más importante tratándose de otra persona. Tratándose de mí, ambos tienen que ir unidos para poder llegar al fin de mis días con una sonrisa en los labios. El primero fue escribir, el segundo, por cursi que pueda sonar, es crecer como persona, que no me refiero a madurar (éste último un concepto que lleva a muchos equívocos). Vale, lo de escribir está claro, al menos en principio. Pero lo de crecer como persona... cada cual se pueda referir a una cosa cuando use esas palabras “crecer como persona”.

¿Qué es para mí “crecer como persona”? Muchas cosas que ahora intentaré explicar. Lo paradójico en mi caso es que todas ellas se resumen en un enorme silencio que me llena y me tranquiliza cuando pienso en todo ello. Soy de los que piensan que, cuando ya se ha dicho todo, lo que queda es un enorme silencio que lo engloba todo, en el que no hace falta decir más.

“Muchas cosas que ahora intentaré explicar”:
Respetar a los demás partiendo del respeto a mí misma. Sin lo segundo no puedo llegar a lo primero. Respetar mi espacio, mis ideas, mis principios, mi tiempo, mi dolor, mi alegría, mis ganas de llorar o de reír. Cuando acierto a comprenderme yo o incluso ni eso, tan sólo asumirme y respetarme tal cual soy, con mis virtudes y mis defectos, sin que ello me impida tener voluntad por mejorar, soy capaz de entender, siquiera asumir, a los demás, de ponerme en el lugar de otro y respetar su mundo. Es un elemento sin el cual no podemos aceptar que en este mundo haya contrarios.
Amar. Y lo pongo en segundo lugar porque creo que para el amor no se ahogue es imprescindible haber aprendido lo que es el respeto
No odiar. Y pedir para ese empeño la ayuda de Dios –si a estas alturas no lo sabíais, soy creyente- y la gracia de la vida misma porque he tenido la desgracia de comprobar que lo único que el odio provoca es empobrecerse y sentirse mal consigo mismo antes que con nadie. No aporta nada bueno, nada en absoluto.
Intentar no hacer daño a nadie, o el menos posible, porque, por mucho que lo evitemos, muchas veces, sin quererlo, hacemos daño. Un amor no correspondido es el mejor ejemplo. Quien no se ha enamorado alguna vez sin ser correspondido, o de quien no se han enamorado sin que pudiésemos corresponder al sentimiento por mucho que quisiésemos. Intentar no hacer daño, o el menos posible, a pesar de que ello suponga tomar decisiones difíciles y amargas, por muy buenas que sean.
Tomar conciencia de que el dolor es tan enriquecedor en esta vida nuestra como la felicidad y la alegría, y por supuesto, por mucho que “me duela” reconocerlo es mejor escuela. Es una triste realidad que las personas que han pasado por problemas en la vida, que se han tenido que enfrentar a retos difíciles y no agradables, que lo han pasado mal a fin de cuentas, suelen ser más sabias, más comprensivas, más respetuosas, más pacientes en su trato con los demás.
Tomar igual conciencia de que tratar con gente de todas clases te obliga a abrir la mente, te acostumbra a moverte en todo tipo de círculos y dispensar un trato cordial allí donde te encuentres y con quien te encuentres. Y esto nos lleva de nuevo al respeto. Nos hace ser más respetuosos con nuestros semejantes, porque los vemos de verdad como eso, como semejantes. La palabras dejan de ser palabras para cobrar de verdad sentido en nuestros cerebros y, a la vez, en nuestros corazones. Ambos, en nuestro ser, han de ir unidos.
Valorar el aprendizaje de años, experiencias, relaciones por el cual llegamos a comprender de verdad en nuestro interior cuándo las palabras dejan de ser palabras, cuándo entendemos de verdad nuestras palabras y las de los demás.
Aceptar como Ley de Vida del ser humano que razón y sentimiento han de ir unidos. Sin dicha unión no podemos relacionarnos entre nosotros porque faltamos a nuestra esencia. Nuestra esencia es que somos sociales, nos tenemos que relacionar con otras personas, para amar, para trabajar, para vivir. Pensamos y sentimos para vivir y vivimos para pensar y sentir.
Reconocer que, por muchas facilidades que dé el dinero, llegado a un punto, no da la felicidad. Por muchos bienes materiales que tengamos, muchos capital en el banco, muchas comodidades y lujos, si sufrimos en el amor, sufrimos en la salud, en la familia, en nuestro trabajo no somos felices ni estamos alegres.
Que hay que ir un poco más lejos de topicazo de que el dinero no da la felicidad sin salud y amor. Que sobre todo lo que nos realiza, da sentido humano a cada uno es valorar lo que de bueno se tiene, pensar en todo ello... en definitiva, reflexionar.
Tomar cada día más conciencia de la importancia que tiene comunicarse con los demás, de que es el cauce para descubrirlos a ellos y más que nada, para descubrirse a uno mismo. Que aunque, haya empezado dado valor al silencio, para llegar a ese silencio que lo incluye todo hay que pasar por un proceso de comunicación, de palabras, soltadas al aire o atrapadas en el papel, a lo largo de años, de la vida de cada uno.
Ser capaz de alegrarme por encontrarme donde me encuentro, en este camino mío, en esta mi vida, en el punto justo en el que estoy ahora mismo, aguardando ver con ilusión qué me depara aún el trayecto, valorar que lo importante no es el caminito en sí, sino en cómo lo hagas, y más que nada sonreírme porque no me agobia tener la certeza de que no podré valorar de verdad qué fue mi vida hasta mi últimos días. No me da miedo llegar hasta allí, lo que me da miedo es mirar atrás y no poder sonreír en paz.


Está claro que mi vía preferida es comunicarme atrapando las palabras sobre blanco. A mí me sirve de mucho. Desde aquí sólo desearos mucha suerte a cada cual en su camino, en su aprender. Como veis el recurso del poeta a mi me ha venido al pelo: “Caminante no hay camino... “
¡Buen viaje, compañeros!

Inédito escrito en 2006. Lo que muchos llamarán "paja mental"

miércoles, 29 de abril de 2009

Los pies de barro del gigante...

hoy sus pies de barro se manifiestan en costes sociales bajo el hecho que es la muerte de un bebé de 23 meses. En Tejas. Hoy lo decían los medios. La gripe porcina ha matado a un bebé -casi niño-a- a punto de cumplir sus dos primeros años de vida.

He de confesar que me derrumbo antes noticias de muertes o de sufrimiento de cualquier tipo que se le infringa a un niño. Al mayor exponente de la inocencia que es un bebé. Cuando aún no nos hemos socializado y toda esa inocencia nos lleva de manera irremediable hacia esa socialización, a esa falta de inocencia sin la que no podríamos sobrevivir en el mundo de nuestros congéneres. Pero ésta es otra cuestión.

La cuestión es que en Texas, uno de los estados de ese gran gigante, el mayor de las naciones actuales por muchos motivos, ha muerto un ser inocente que empezaba su andadura. ¿Qué ha ocurrido en ese sistema sanitario?
El paciente "Cero", niño de cuatro años, ha superado el trance con antibióticos, en un sistema sanitario de un país que se supone más atrasado en todo.
Y en España, los casos confirmados de esta gripe, ya la habían superado -gracias a los protocolos médicos existentes de ordinario- incluso antes de ser confirmados.

Hago el paralelismo mental, conjeturando con tan pocos datos, entre los tres países. A mi cabeza acude que la preocupación de muchos conciudadanos, cuando salen fuera de España, es, en primer lugar, la cobertura sanitaria que van a tener allá donde van. Si se trata de EEUU intentan dejar este cabo tan bien atado como si viajan a países en teoría peor dotados sanitariamente.

¿Eso es lo que ha pasado? Que, como en principio una gripe no es una urgencia, al bebé no se le atendió como tal -lo único, la urgencia, lo único que se garantiza y en primérisima instancia-
¿O tal vez que no tenía seguro para cubrir el coste de su tratamiento de gripe?
Una cosa u otra me parecen atroces visto desde España. O incluso los protocolos de actuación, por ese principio básico de sanidad privada.

La iniciativa privada es muy sana, imprescindible, pero hacer negocio, hasta el límite de la salud de la población, no creo que sea bueno para ninguna sociedad.

Los estadounidenses tienen muchos motivos por los que ser admirados, pero otros, claman al cielo. Y el plantemiento de su sistema sanitario es uno de ellos... ese bebé muerto, esa madre destrozada me provocan sin remedio plantearme esta cuestión.

No hago sino agradecer que en España la asistencia sea universal y gratuíta. Pago mis impuestos gustosa. Que hay muchas cosas que mejorar, por supuesto, pero estoy segura que la iniciativa privada en la que se debe asentar nuestra economía y nuestra sociedad en todas sus vertientes no debe jugar con ciertos principios. La garantía de salud es una de ellas. Que los ciudadanos españoles sigamos en ese camino, por siempre.

martes, 28 de abril de 2009

¡Último invento:...

¡Último invento: Ministerio de Coordinación/Política Territorial!

Política Territorial, otros dicen que Coordinación Territorial, hay algunos incluso, que se refieren al nuevo Ministerio como de Política Territorial, pero hablan del responsable como Ministro de Coordinación Territorial. A estas horas, las 22:10 h del 7 de abril de 2007, aún no está muy claro como denominar este nuevo invento gubernamental. Y él, el ministro, él es el único “barón” del PSOE que aún se ha de llamar así, presidente hasta ayer de la Junta de Andalucía, de la Comunidad Autónoma de Andalucía, Manuel Chaves.

Hay más cambios, pero yo, para nada experta en análisis político más allá del cotidiano sentido común de cualquier ciudadano, me he fijado especialmente en este “movimiento” de José Luis Rodríguez Zapatero, actual Presidente del Gobierno de España. Me ha saltado como me saltan las faltas de ortografía graves en un texto, me ha chillado el pilotito en la cabeza: “Coordinación/ Política territorial”.
Nuestro actual Presidente argumenta a favor de este nuevo ministerio que se impone su creación para fortalecer la “cohesión territorial”, según sus propias palabras, como eje básico en la política de enfrentar la crisis económica, lo que ha motivado la reorganización del Gabinete.

“Eje básico”, me resuena en la mente junto a las palabras “cohesión” y “coordinación”, y todo por el factor territorial, por la colaboración entre territorios, entre Comunidades Autónomas…
He de destacar la coherencia del nombramiento, por eso me chilla precisamente, por la coherencia. Porque era previsible, en la situación actual de crisis del sistema en su conjunto, era previsible que su “talante” obligara a nuestro presidente a sacarse de la manga tal pirueta. Es coherente con su manera de proceder a estos últimos cinco años. Porque tan alejada ha estado su política de esa cohesión territorial, tan en las antípodas, que ahora, sin resortes legales e institucionales para dar “marcha atrás”, se ve obligado a huir hacia adelante y inventarse el Ministerio de Coordinación/Política Territorial”. Es la muestra, bajo forma de cartera ministerial, del “corte” de conexiones” que ha sufrido el Estado español para actuar sobre su territorio a través de sus administraciones. El Estado, el Gobierno como su órgano principal, no dispone ya de conexiones con la C.C.A.A, gracias en gran medida al traspaso de competencias -de unas más que de otras- para afrontar todo lo que se nos avecina sobre este tromba que ya nos inunda, para articular las medidas necesarias en todos los ámbitos, que permitan afrontar los grandes retos que esta crisis no obliga a enfrentar, tantos los inmediatos como los no tan inmediatos pero igual de necesarios si no queremos que otro “sunami” como el actual nos vuelva a ahogar en el futuro.

La constitución prevé las líneas maestras sobre las que se asienta una organización territorial coherente, cohesionada y solidaria entre territorios. En 30 años a nadie se le ocurrió que hiciese falta un Ministerio para ir a hablar con todas la C.C.A.A para hacerles ver su propia esencia, los principios en los que se fundamentan, y de los que tanto se han ido alejando, o las han ido alejando. Ahora el Estado nombra un “mediador” entre C.C.A.A para intentar conseguir esa solidaridad entre ellas, para que colaboren en una serie de principios comunes, que más parece este ministerio y su cabeza visible, un embajador de una antigua potencia colonial enviado a negociar recursos, en tono conciliador, a sus antiguas colonias. Por supuesto, la diferencia en la comparación es abismal. Ni el Estado español actual ha explotado ni sometido férreamente a sus C.C.A.A, ni mucho menos éstas son o han sido estados independientes, aunque en mucho sus administraciones se comportan como tales -o hacen que se comporten-, alentadas por la gestión de Zapatero, y por otros gobiernos antes que él, unos por acción y otros por omisión.
Ahora necesitamos a un político curtido en mil batallas, uno de lo que mejor ha manejado, en el peor sentido de la palabra, el sistema para ir “desconectando” al Estado en la tan aclamada “descentralización” a toda costa. Justamente él es de los que mejor conocen el sistema para manejar el timón del nuevo invento, sin tener que reconocer que se enfrentan al monstruo que ellos mismos han creado. Chaves fue hombre de estado, pero donde ha destacado, por encima de todo, ha sido como hombre de C.C.A.A, como Presidente de C.C.A.A. Y es tengo la impresión que hay muchos que han estado empeñados en que a los 17 presidentes se les considerase cuasi como al del Estado. Simplemente, nuestro sistema no lo permite. Y Chaves recoge toda esa “buena tradición”.

No soy abogada, no soy legalista, no soy especialista en casi nada. Pero, por coherencia de continuidad, no le auguro mucho éxito ni al señor Chaves ni a su jefe de ahora, el señor Zapatero.
Si pudiera decir, si pudiese creer, que el jefe último de ambos es el interés de España, o el interés de los ciudadanos españoles, que viene a ser lo mismo, seguramente creería que pueden llegar a buen puerto con esta nueva nave. Aunque si ese fuera su jefe, nunca hubiéramos llegado a esta situación. Pero como creo, echando la vista atrás a estos cinco años de Gobierno de Zapatero y su corte -los “cortados” por su mismo patrón- que eso no va a suceder, pues sólo me queda esperar que hagan suyas soluciones que resultan mucho más acordes con los tiempos que a todos nos toca vivir, vengan de donde vengan.

No quiero que llegue un momento, en estos tres años que quedan hasta las siguientes elecciones generales, en que se haga necesaria una dimisión presidencial. Eso es de lo peor que le puede ocurrir al sistema, por muchas razones. No quiero que dimita Zapatero. Quiero que recobre el sentido común con mayúsculas.

Y cuando acabe en Moncloa, que se dedique a lo que seguro –ayer lo supe al verle y oírle junto a Obama- ha nacido este José Luis; para su Paz Mundial. Así, que se prodigue en todo ese tipo de foros, mejor todos aquellos de corte más bien extremista en sus actuaciones, todos aquellos en los que el objetivo justifique cualquier medio. En ese ambiente estará en su salsa. Desgraciadamente para los ciudadanos de nuestro país, ésa, la de que el fin justifica los medios, ésa que es su manera de proceder, no es la adecuada para gobernar España.


Nieves Milagros M. G.
Coord. CEL Daganzo de Arriba
Publicado en www.upyd.es

lunes, 27 de abril de 2009

De 0 a 40 MIL sin apenas combustible

Ahora el reto es superar las 40... MIL, ahora el reto es ése. Superar la cifra de las 40 mil firmas en apoyo de nuestra candidatura, la candidatura de Unión Progreso y Democracia, a las elecciones europeas del próximo junio.

Todos sabíamos que 15 mil las tendríamos con relativa facilidad. Había que ponerse a ello por supuesto. Tan sólo recopilar esa cantidad inicial ya era un esfuerzo de movilización de nuestros afiliados y simpatizantes.

En este periplo, de las 15 a las 40 o más que es fácil que se reúnan, en este viaje que he vivido desde un pequeño ricón, la mesa que hemos puesto los del nuestro CEL estos días en Daganzo, pues, lo mejor que me llevo es -por encima del mi veces agradecido apoyo y simpatía que los ciudadanos nos demuestran cada vez que salimos a la calle- la entidad que nos ya presuponen. Entidad que tenemos, que yo sabía que tenía este partido incluso como embrión, en sus comienzos, a pesar del ostracismo al que se nos ha condenado, por estrategia conjunta, de varios estamentos. Es el mensaje que mensaje que me transmiten mis vecinos, ciudadanos como yo, cuando se paran a hablar conmigo, como la cosa más normal del mundo, a veces como si me conociesen de hace tiempo -porque nos están poniendo cara desde que UPyD salió la primera vez a la calle en este municipio- y me piden que traslade esta u otra problemática que ellos constatan, o que me apunte tal o cual asunto que ellos consideran importante. Y eso hago, apuntarlo. Cuando, estos días, en los que estábamos un tanto apremiados por la recogida de firmas, alguno de mis conciudadanos -daganceños o no- se ha parado a charlar conmigo, he comprobado que era para eso para lo que estaba allí, he comprobado la esencia de UPyD. Y mi mente, y mi acción, se han concentrado, de la forma más natural, en disfrutar de la conversación y de la dialéctica que fluía. He disfrutado como cuando me pongo a esto de rellenar blancos. He disfrutado mientras me desarrollaba como ciudadana juntos a mis iguales.

Se hace camino al andar, se disfruta caminando porque lo importante no es llegar, sino caminar. No es llegar a tal o cual cantidad de firmas, sino lo que esas firmas significan, esas historias de dialéctica, de diálogo espontáneo y responsable entre ciudadanos que han surgido en el camino.

Y este viaje, de 0 a 40 mil o más, sin apenas combustible -con escasos y muy ilusionados recursos- es uno de los muchos que forman parte del viaje que inicié hace algo más de un año, cuando el click de mi ratón confirmé mi afiliación a Unión Progreso y Democracia.
Y mi afiliación
es parte de mi camino,
del que recorro desde un día de 1973.

Seguimos caminando.

viernes, 24 de abril de 2009

Moriré...

entre pinares, entre los hierros torcidos de mi compañero, pequeño y veloz. Moriré deslizando mi vista en estas curvas, guiada por la luz que se pelea con el negro de estas noches de verano. Yendo o viniendo para ver lo que más necesito. Para sentirlo y tenerlo cerca.
Él siempre está ahí abajo, empaquetado en olor de pino y verano, rodeado de pausado ruido de una noche verano, con sus sonidos meciéndome cuando me voy y cuando me acerco.
Y nunca se lo diré. Nunca le diré lo que tan bien sabe. No saldrán esas palabras. No se las dejaré oír. Lo sabe. Pero no lo oirá. Decirlo acabaría con todo. El misterio está en no decirlo, en pensarlo, cuando me acerco y cuando me voy. Mientras voy y vengo.
Ahora, mientras conduzco por esta serpiente que juega con la sierra y se asoma al balcón mirando al hondo donde está él. Ahora me sube de allí.
Ahora me lleva lejos, ahora el viento y los grillos me acompañan. Son los únicos que me acompañan. La radio aquí apenas se escucha. Sólo están los pinos, las sombras rotas por mis faros, el aire que me entra y me refresca. Aire para esa mente que necesita relajarse, salir del torbellino, del enfado, de la pasión que lo provoca.
No me llevará esta camino a ningún sitio, a ningún futuro, por mucho que le q... no lo hará, no me llevará sino lejos o a morir entre pinares.
Una parte de mí está muriendo con cada curva que me aleja, porque no voy a volver.
Sí.
Morí entre pinares.

No lo diré, me lleven donde me lleven estas curvas en la madrugada de una noche de verano. Nunca lo diré, y siempre lo sabremos, ambos.
El escribir no es hablar: Lo sabemos, lo supimos, lo sabremos.
Nos Quisimos.

Firma-Esa chica de hace años-

60 historias truncadas

Es triste ver la frialdad, a menudo la indiferencia ireflexiva con la que oigo que tratan algunas noticias en los medios. Hoy una de ellas era que han muerto 60 personas en un nuevo atentado -o varios de ellos- en las últimas horas en Irak.
60 personas. 60. Siempre se oye lo mismo, cuando se oye algo que realmente destacan. Los que mueren en aquella tierra. Hoy se anunciaban 60 personas muertas. 60.
60 vidas truncadas. 60 familias destrozadas. Las vidas de esos cientos de familiares marcadas para siempre por el terrorismo y el no saber convivir los unos con los otros.

Pienso en lo loca que me volvería, que perdería la razón si la vida de mi hija se truncase, si a ella le pasara algo con ese resultado. Que no habría razón para seguir, ni ganas de superar el trance. Y la vida de mi hija es una.
1 vida.
Y hoy anunciaban 60 vidas sacrificadas.

Ando más tranquila

he de confesar que aún me lío bastante con la organización de un partido político. Más si cabe porque Unión Progreso y Democracia no pretende venir a ser más de lo mismo. Por eso, como su organización va a ser más participativa, más dinámica -buscando el principio de democracia y eficiencia- pues andamos buscando cómo conjugar fórmulas en pos de ésas metas.

Ayer, oyendo a Ramón Marcos, me quedé más tranquila, porque es todo como se dijo que iba a ser, porque seguimos guardadando coherencia en todo por lo que trabajo en este proyecto. Y comprobarlo me da tranquilidad y fortalece mi ilusión. Fue eso lo que me movió la ilusión. Y si no la mantengo sé que no podría seguir.

Con facilidad me voy de cosas concretas, como son los pormenores de organización a los grandes conceptos, ilusión, democracia, nuevo proyecto, proyecto diferente... estoy hablando de lo mismo. Hay a quien se le da mejor hablar de esos pormenores, a mí se me da mejor hablar de ellos desde el concepto general si lo prefieres. Así que enseguida que Ramón nos explicaba pormenores de las Europeas y de la organización del Congreso, de los sistemas de listas... pues yo enseguida me hacía mís cábalas para traducir a mi esquema, "¿eso sigue el esquema, el principio que me hace estar aquí sentada escuchando? Sí, parece que sí. ¡Qué respiro! Y el pecho de llena de aire nuevo, y la mente se vuelve diáfana y limpia para seguir albergando información, deseosa de nuevos pensamientos.

En esencia, cuando más hablo con Ramón, cuanto más le escucho, más convencida estoy de lo en sintonía que estamos, y no hablo de Ramón-Nieves, hablo de Nieves, afiliada y ciudadana, con Unión Progreso y Democracia. Aquí sí sirve la ilusión, el trabajo y la responsabilidad, aunque sean valores muy menospreciados en la "moda", aquí sirven (es a lo que toda mi vida he dado importancia).

Dije que este blog era para escribir lo que me diese la real gana. Pues eso.

Queja "Tengo una pregunta para usted" RTVE

Mi contestación a la contestación dada a mi pregunta-queja sobre por qué no se invita a Rosa Díez a este programa.

ATT: Defensora. Formulario para el trámite de quejas, sugerencias y reclamaciones‏
De:
Nieves Milagros Martín García
Enviado:
jueves, 23 de abril de 2009 10:00:43
Para:
defensora@rtve.es

Muchas gracias por la rápida respuesta, aunque en realidad no se haya respondido. ¿La pregunta era por qué no se entrevista a Rosa Díez en "Tengo una pregunta para usted"?. No pedía la completa explitación de la motivación del programa. Ni tampoco que se me llamara la atención sobre lo que participa la señora Díez, como lo hacen los demás integrantes del Grupo Mixto del Parlamento, según RTVE, en los programas informativos, participación de la que por otra parte estoy al tanto -y esa sería otra cuestión motivo de preguntas-. La pregunta era, simplemente ¿Por qué? Si los criterios son los de representación cameral, ¿Por qué no se hace una edición del programa con los representates del grupo mixto? menor duración del programa, menos preguntas, pero se les da la voz que sus votos representan. La decisión, como ustedes dicen, de que "no se ha invitado a ningún diputado de los 4 partidos del Grupo Mixto", ¿a qué obedece?. Si el formato de este programa quiere ser realmente atento a dichos criterios de representación, cuando se trata de panorama político, les falta a ustedes -sin contar con el PNV dada su declinación de la invitación- el grupo Mixto para dar una respuesta global a los votos de todos los ciudadanos.Se quiere trasladar a la ciudadanía el mensaje de pluralidad democrática. La fórmula de este formato -muy acorde con los tiempos en los que nos movemos y nos vamos a mover- puede ser muy plural, y puede aparentar ser muy plural. Todos sabemos que la verdadera parcialidad está en la selección y la distancia que hay entre lo que se cuenta de una realidad y la realidad en sí. De nuevo muchísmas gracias por la prontitud y a la atención prestada. Nieves Milagros M.G.

From: defensora@rtve.
Re: Formulario para el trámite de quejas, sugerencias y reclamaciones
Date: Thu, 23 Apr 2009 10:20:25 +0200
Estimada Sra. Martín:

Remití su correo sobre Tengo una pregunta para usted , junto a otros que se interesaban por el mismo asunto, al Director de los Servicios Informativos de TVE, con petición de respuesta para trasladársela a usted.

A continuación le envío su contestación:

Tengo una pregunta para usted es un programa plural, como lo son todos los espacios informativos, pero con un formato propio y unos tiempos definidos. Tras abrir este “foro ciudadano” al presidente del Gobierno y al líder del principal partido de la oposición, el 21 de abril se abrirá a los partidos minoritarios, siguiendo el mismo esquema que hace dos años. En aquella ocasión, fueron invitados los representantes de los partidos minoritarios con grupo propio en el Parlamento. Tanto entonces como este año, CiU, IU y ERC han aceptado participar y el PNV ha declinado la invitación.

Rosa Díez ha estado y estará presente en los informativos de TVE, tanto en los Telediarios, como en programas de entrevista como los Desayunos de TVE. En esta ocasión, no se ha invitado a ningún diputado de los 4 partidos del Grupo Mixto, donde también se encuentra el partido Unión Progreso y Democracia, de la que es diputada Rosa Díez. Esta decisión no significa que los líderes de los partidos del Grupo Mixto no sean convocados a distintos programas de RTVE como viene sucediendo hasta ahora. Un cordial saludo, Francisco Javier Llorente Director de los Servicios Informativos
Estas son las explicaciones del Director de los SS II, a quien corresponde decidir junto al Director de TVE, los invitados a participar en Tengo una pregunta para usted, sobre según su criterio periodístico.
Le agradezco su confianza en la Oficina del defensor del espectador y aprovecho para enviarle un afectuoso saludo,

miércoles, 22 de abril de 2009

Una historia en silencio

Llovía. Una fosa pequeña, un cuerpo flaco y blanco, el cadáver de una mujer dentro. Un bebé igual de pálido y muerto junto a ella. La lluvia les caía encima. No podía apartar la mirada de dentro de la fosa. Su mujer y su hijo yacían dentro. El murmullo que oía cesó, al tiempo la tierra empezó a caer sobre los cuerpos. El cura había acabado con sus oraciones. El enterrador estaba acabando su faena. Quería gritarle, estrangularle. Una palada y otra y su mujer y su hijo bajo más tierra con cada una. Quería gritar y estrangular al mal nacido del enterrador pero no podía hacer otra cosa que permanecer inmóvil viendo como su familia desaparecía bajo un metro de tierra. Ni siquiera había podido pagar una mortaja decente, una buena sábana siquiera con la que envolver los cuerpos. Prefirió pagar lo que costaba enterrarlos allí, en el suelo más sagrado que el dinero de un pobre podía comprar.
No eran de por allí, no había nadie conocido junto a él mientras enterraban a su familia. El cura se había ido. El de la pala estaba acabando. Clavó bien hondo la cruz con los nombres a la cabeza de la tumba. Un buen par de golpes con la pala, comprobar su aguante una vez más y listo. Dio media vuelta para irse sin mirarle junto a la tumba, murmurando entre dientes algo parecido a una oración, como si fuera lo último antes de terminar su trabajo. Le pareció bueno en lo suyo.
Se santiguó, se puso la boina y corrió en dirección a la puerta de la ermita, unos metros más allá, buscando refugio y esperando a que escampara. Frente a la ermita apenas había cuatro casas dispuestas formando una pequeña plaza. Dos eran de piedra, toscas y no muy grandes pero bastante mejores que el resto. Por detrás de todas ellas se apenas se contaban con los dedos de una mano unas cuantas casuchas más junto a corrales de adobe o hechos a base de cercas de madera vieja. Lo mejor de aquel sitio; la era para el grano, la mejor de la comarca.
Parado bajo el dintel de la puerta de la ermita, pensó que le hubiera gustado volver a su pueblo, al norte más allá de la sierra. Pero salieron de allí porque no había trabajo y, de momento, aquí abajo sí lo habían conseguido. Era lo más importante. Ahora que estaba solo, le gustara o no, sería más fácil salir adelante. El jornal le daría para comer y para guardar lo suficiente conque aguantar hasta la siembra en la primavera siguiente, sino encontraba donde le contrataran en el invierno.
Seguía lloviendo, no podía quedarse mucho más tiempo allí. El jornal de ese día ya iba a ser pequeño por no haber ido a la cuadra desde primera hora. El capataz le había dado el pésame de parte del amo pero también le había dicho que no podía pagarle sino iba a trabajar. Había tenido la consideración de hablar con el cura para que el entierro fuera a primera hora y que él pudiese llegar pronto sin perder la mañana. Por lo que sabía, parecía un buen amo, mejor que los que había tenido hasta entonces, y él, Antonio García López, a sus veinticuatro años, había tenido unos cuantos.
Había tenido mucha suerte en aquel pueblo. En las cuadras del amo necesitaban varios mozos con la llegada de la primavera. Había más trajín que en invierno. Los cogían de los mismos que iban a la plaza cada mañana para sacar el jornal en los campos de los señores, pero para las cuadras necesitabas andar diestro en manejar las mulas y caballo fino, los herrajes, la limpieza de la cuadra y arreglar aperos, había que saber de fragua. Aunque era forastero, no hacía más que un año que había llegado al pueblo, a Guzmán, uno de los jornaleros más respetados, le había caído en gracia. Hablando en los almuerzos mientras hacían la siega el año anterior, supo que Antonio estaba enseñáo en cosas de fragua y cuadras. Al propio Guzmán no le interesaba aquello porque, aunque pagaban bien, trabajaba por temporadas en otro pueblo vecino como una persona de confianza de un primo del amo, igual de rico que él o más. Por mediación de él, entró Antonio en la cuadra.
Viendo el capataz que no se rezagaba, que los animales estaban bien atendidos y que les sabía manejar, y que no faltaba una sola mañana en la plaza desde que había llegado, le pareció cabal. Por eso le dijo que, para no perder tiempo en ir a la plaza se fuera directo a las cuadras cada mañana, que si lo hacía así y estaba siempre a la hora en punto de la buena mañana, pues que no gritaría más esa temporada en la plaza “¿quién para la cuadra?”. Antonio sabía que había tenido mucha suerte. Forastero, menos de un año en el pueblo y ya tenía trabajo seguro para toda la primavera y el verano.


Para finales del verano anterior fue que le dijo Pura que le parecía que estaba preñada. Lo pasó mal en el tiempo que tardaron desde su pueblo hasta aquí. Tenía 17 años. Era una mujer menuda pero ya hecha. Antonio quería casarse y irse, todo casi a la vez. A ella la conocía de verla por el pueblo desde que era una cría. La vio crecer y trabajar con su madre en casa, ayudando con los hermanos, y en el campo, a lo que salía. Estaba hecha a lo mismo que él. Pero no había salido nunca del pueblo, y por eso creía Antonio que lo había pasado mal mientras estuvieron viajando. Sin embargo, no le costó adaptarse al sitio nuevo. Había más gente allí que estaba igual que ellos, recién llegados, e incluso ya con varios hijos, emigrados para estas tierras porque aquí los jornales decían que eran mejores, te podía contratar algún amo que tuviera negocios en la corte, y por aquí las gentes de Dios eran más ricas, tenían más tierras, las aprovechaban mejor y contrataban a más gente.
Era cierto, la Pura se preñó, si iba todo bien, la criatura nacería para abril del año siguiente, mientras tanto quisieron buscar algún sitio que estuviera un poco mejor. En la casa en la que vivían, compartida con otras familias, les había tocado una sala en la parte de abajo, que era más húmeda, y a nada se colaba el aire por las puertas y por las ventanas. No ganaba uno para calentar aquel cuarto. Pero no había nada mejor que ellos pudieran pagar. Así que Antonio le hizo unos arreglos. Se permitió comprar algo más de paja, que usaban sólo para el jergón, para hacer adobe e intentó cerrar rendijas y enlucir un poco el suelo. Cuando volvían de trabajar, o cuando iban, buscaban donde pudiera crecer esparto y juncos que poder trenzar con los que alfombrar el suelo y que resultara menos frío.
Pura se cansaba cada vez más. Trabajaba tan duro como otra que no estuviera preñada pero sabían que iba a ir pudiendo cada vez menos y que tendría que quedarse en casa. Esos días que cada vez eran más, aprovechaba para hacer remiendos, trenzar esparto, salir al campo a buscar cardos y collejas a las lindes de los caminos, o cualquier cosa que se pudiese coger sin buscarse un problema con los guardas. Todo para compensar el jornal que no estaban ganando con ella en estado.
O fue mucho trabajo, o el frío que seguía entrando en aquella habitación se le metió hasta el vientre –o eso creyó Antonio-. Se aseguraban de estar bien juntos cuando se acostaban y de calentar bien el sitio. Que por poco que pudo reunir la familia de ella, salieron de su pueblo con un ajuar de paños y unas mantas que para muchos era un mundo. Pero si te toca, te toca. No era extraño que muchas mujeres o sus hijos, o ambos, murieran en el parto.
Estaba trabajando cuando le empezaron los dolores, y aguanto hasta que notó que le escurría agua y sangre por las piernas. Avisaron a Antonio y la llevaron a su casa. Las vecinas les ayudaron. Estuvo mucho rato empujando. Pensó Antonio que Pura gritaría, porque de cría era de las más escandalosas, pero apenas si oyó unos gemidos. Le dijeron las mujeres que había echado más sangre de lo normal y que intentaban parársela. El niño salió muy morado. Intentaron que respirara, que al principio era normal que no lo hiciera. Se dieron cuenta enseguida de que había salido muerto. Lo dejaron aparte para ver si cortaban la hemorragia de Pura, sin conseguirlo.
A ella le había gustado que él hablara a su padre. Se lo dijo ya de casados. Ella lo veía serio y fuerte, como tenían que ser los hombres, para trabajar y dar de comer a la familia. Le dijo que había otros más guapos pero que no parecían tan fuertes como él. Antonio pensaba lo mismo de ella, que era una mujer fuerte para trabajar y que había aprendido bien las cosas de casa para cuidar bien de su marido.
Él ya sabía lo que era estar con mujeres, no se casaba por eso. Pura aprendió de él lo que era estar con un hombre, como tenía que ser, aunque hubiera oído cosas era él quien tenía que enseñarle. Sangró mucho la primera vez. Se asustó un poco pero ella, mostrándose fuerte, le dijo que era normal, que se lo había dicho su madre.
Se sintió muy solo cuando le dijeron que había muerto. Se sentía mal por la criatura, que había sido un hijo, pero más por Pura: “Que Dios me perdone pero me duele más por ella”. Nunca había estado tanto tiempo tan cerca de la misma persona.
Pura cumplió los 18 años dos meses antes de morir.

Ya no llovería por mucho tiempo. Hacía ya bastante calor, aún tenía que apretar más el Sol. Principios de julio. Hacía casi tres meses que Antonio era viudo. La seguía echando de menos. Pensaba en Pura y en el niño a menudo pero no hablaba de ello. Debía ser fuerte, ella lo quería porque era fuerte.
Guzmán le habló una vez de ello, que ellos ya habían dejado de padecer, que estaban ahora mejor de lo que estábamos nosotros. Antonio agradeció aquello pero, de común, él no tenía mucho tiempo para detenerse en distracciones ni relajarse como los amos en aquellos pensamientos. Debía atender a su obligación en primer y último lugar. Si ganaba lo suficiente y agradaba al capataz tal vez podría establecerse aquí.
El amo del pueblo tenía mano en la corte. La gente decía que no era tan rico como su primo pero iba camino de serlo algún día. Al amo de aquí lo conocían como D. Francisco Castellar Y Blanca, Marqués De Hanzo. Su primo era Duque. Según contaban, sus palabras, en más de una ocasión, habían aconsejado a reyes.
Eso a Antonio le traía sin cuidado. Él cuidaba de los caballos de D. Francisco. Si tenía suerte el año siguiente se le encargaría la misma labor. El jornal era mejor que el que daban por la siega. Se ganaba más y no se doblaban tanto los riñones.
Llegaba a las cuadras antes que amaneciera y se iba cuando ya no se veía. Se tenía que llevar el almuerzo, como cuando iba al campo. A Ubaldo, el viejo mozo de las cuadras, no le hacía falta. Llevaba ya muchos años haciendo lo mismo, conocía al amo desde que éste nació y se le tenía cierta ley, así que, cuando llegaba la hora del almuerzo, pasaba por atrás a las cocinas y de allí le sacaban el almuerzo afuera. Se lo tomaba sentao en el portalón, como un señor que anduviera de cacería.
No había visto nunca al amo, y tampoco tenía interés en ello, aunque sabía que acabaría conociéndole si seguía en las cuadras. El pésame que le dio el capataz cuando murió Pura fue lo más cerca que se pudo sentir de gente así. Había conocido otros, sí, y por eso precisamente no tenía ningún interés en conocer a éste. Pero luego, pasados los días desde el entierro de Pura, pensó que no tenía que ser mal amo si había mandado recado de esas maneras. Nunca ningún amo hizo algo parecido por él. Aunque tal vez hubiera sido el propio capataz del que hubiera salido la acción, pero, dándoles vueltas no le encajaba. El capataz era un hombre muy rudo, bueno para lo suyo, pero no se andaba con delicadezas como ésa con nadie, ni tenía por qué ni lo hacía. No, esas cosas sólo las hacían los amos, que habían nacido en colchones de pluma y estaban hechos a finuras. A la gente como el capataz y como el propio Antonio no les podían salir, ellos tenían que estar a trabajar que era lo suyo. Unos a mandar y a ser “buenos” si les daba la gana serlo, que para eso mandaban, y otro a obedecer. A Antonio le tocaba obedecer y trabajar. No se lamentaba de ello. Las cosas eran así, no había que darle vueltas.
También caviló si hubiera podido ser alguien de la casa del amo que estuviera por encima del capataz, alguien del servicio de la casa, que esa gente debía siempre que ser de otra clase que los que trabajaban el campo. Tal vez el jefe de los criados de la casa, el mayordomo, como había oído que se le llamaba. Seguía sin encajarle. Guzmán le había contado que el amo, a pesar de visitar la corte, pasaba tiempo en sus tierras y controlaba todo lo suyo con mano dura y en persona. Apenas dejaba los asuntos en manos de administradores, como hacían muchos de los amos que iban a la corte. D. Francisco, según decía Guzmán entre carcajadas “No aguantaría todo el año en la corte, ése no cambia esto por el empedrado.”.
Daba igual darle más vueltas a la cabeza. Lo cierto es que, desde que el capataz le dio el recado de D. Francisco, Antonio estuvo convencido que era el mejor que él hubiera conocido.
Llegó el frío de nuevo. Volvió cada mañana a la plaza. Consiguió un buen par de trabajos que muchos hubieran querido. Se había corrido la voz de su maña en las cuadras del amo, así que el cura lo cogió para hacer unos arreglos en las cochiqueras. Tenía dos gorrinos. Más tarde también se encargaría de matarlos y arreglarlos para el religioso. Era un hombre redondo, no muy gordo pero sí con redondeces. En los hábitos se le ajustaba la tripa y la papada le asomaba sin disimulos. Ya hubiera querido Antonio un poco de esa gordura para él, o mejor, un poco de lo que comía el clérigo para llenar sus ropas de esa manera. De todas formas, Antonio se recordaba una y otra vez que, a pesar de su viudedad la vida no se estaba portando mal con él en aquel pueblo. Si las cosas le seguían yendo así de bien, tal vez pensaría en casarse de nuevo.
Una de las vecinas de la casa, en la que seguía viviendo tras la muerte de Pura, se encargaba, a cambio de unas perricas, de lavarle la ropa de vez en cuando y de entrar a airearle el cuarto. Él sabía apañarse con los guisos y la guarda de la comida a salvo de los ratones y insectos.
Pero necesitaba una mujer. Las mujeres salían a ganarse también el jornal al campo y, si no lo hacían, estaban en casa guardando lo que traía el hombre y apañándolo de la mejor manera para estirar cuanto más los jornales. Se pasaba menos frío con una mujer al lado y no se daban tantas vueltas a la cabeza. Pensar ya en casarse, cuando no hacía aún un año que había muerto Pura, no le hacía sentir orgulloso de sí mismo, pero sabía que Pura hubiera pensado igual de estar en su lugar. En el caso de una mujer era aún más importante encontrar un hombre cuando se quedaba sola, y era mucho más difícil si ya no eras moza. Si tenías hijos no era extraño morirse de hambre o tener que repartirlos como bien pudieras, a servir, de pastores... lo que fuera...
En el pueblo había mozas casaderas pero, aunque pensaba ya en casarse si el siguiente verano le era tan propicio como el último, no se había fijado en ninguna. Lo que no pudo apartar de su cabeza cuando se vio con unos cuartos de más, fue en darse un lujazo e ir a ver a la Paca. No la llamaban así en voz alta, pero la Paca era la puta del pueblo. Y no todos los pueblos tenían ese lujo. Se había quedado viuda siendo ya moza vieja, con 24 años -la misma a la que lo hiciera Antonio- pero de eso habían pasado ya diez. El hambre apretó, no pudo colocar a todos los hijos, que eran seis cuando quedaron solos, sin padre que les alimentara, y los jornales que decentemente se podían ganar no llegaban. Así que empezó a rumorearse que se había visto figuras cubiertas con capa unas, y manta otras, salir de la casucha de la Paca a deshora. Y no eran figuras con sayas, que llevaban todas calzón. Eso era lo que se decía, Antonio nunca lo había visto, sólo sabía que aquel pueblo tenía puta, señal de que el dinero no faltaba. Él ya lo había hecho antes pagando, siendo más joven. Lo había hecho pagando y sin pagar. Con dinero de por medio muy pocas veces, una o dos, una puta era algo muy caro para la gente como él. Sin pagar algunas más. Con mujeres, meretrices o no, a las que les había gustado. Alguna vez notó que lo miraban y se reían, y luego, cuando estaba solo, cuidando que nos las vieran, se acercaban a él en un rincón. Siempre rápido. Nunca se le ocurrió poner problemas cuando se le acercó así alguna mujer, esas cosas no pasaban a menudo, no había que desperdiciarlo porque había aprendido que estar con una mujer era lo mejor de la vida. Lo que sentía el cuerpo estando dentro de la mujer no se sentía con nada más. Sabía que también se hacía con animales pero él ni se lo había planteado. Su vida en eso, por lo poco que sabía, y otro tanto que se imaginaba, era igual a la de los demás hombres.
Después de casarse no se le acercó ninguna mujer más así. Hubo alguna que le miró como cuando luego se le acercaban, pero no llegaban a más. Antonio creía que era porque Pura siempre andaba cerca y las otras sabían quién era ella. Las mujeres son como los perros de los pastores en eso, cuidan de que nadie se acerque a lo suyo. No le importaba mucho porque el ya tenía mujer con la que estar, ya podía sentir todo aquello que sentía cuando estaba dentro una de ellas siempre que quisiera. Si hubiera querido estar con otras hubiera podido. Aunque no estaba bien visto, tampoco era un crimen. A Pura no se le iba a ocurrir estar con otro, eso sí estaba mal. La mujer casada sólo puede estar con su hombre. Pero también las había que se amancebaban con otros distintos a sus maridos y aunque, hablaban muy mal de ellas, y sabían que el marido las podía hasta matar sin que nadie se opusiera, había veces en las que no les pasaba nada.
El tiempo de matrimonio con Pura fue tan poco que, si estaba destinado a cansarse de ella y ponerle los cuernos con otras, no tuvo tiempo de saberlo y sí de llorarla y echarla de menos en sus adentros.
Al final Antonio decidió que era mejor no ir a ver a la Paca y guardar ese dinero para cuando le hiciera falta. Se aguantaría las ganas que empezaba a tener. Tal vez lo volviera a mirar alguna mujer.
El tiempo le premió la paciencia y la buena cabeza, debió pensar Antonio mientras se movía adelante y atrás contra aquel muro, por detrás de las cuadras. Ella no tardó en abrir sus pantalones. Lo cogió para sí y sin pronunciar palabra empezó a desabrochárselos. Él ya sabía lo que había que hacer. Le subió las enaguas. Con las piernas abiertas se montó en sus caderas y las movió hasta que le notó dentro. Luego los movimientos y las respiraciones. Antonio quería disfrutar mucho y muy bien de aquello. No sabía cuándo podría hacerlo de nuevo o si ella querría volver a hacerlo con él. Pareció gustarle como se lo tomaba él. Cuanto más fuerte empujaba él más parecía gustarle. Se dejó caer hacia un lado del muro haciendo que Antonio cayese sobre ella. Pareció que le adivinaba el movimiento porque él se emocionó aún más y siguió, ya en el suelo, con más energía. La mujer se llevó una mano a la boca tapándosela mientras a Antonio le parecía que le pedía que no parase. Él no pensaba parar hasta satisfacerse del todo.
El rato con la criada le gustó mucho a Antonio. Luego, durante algún tiempo, ambos volvieron a ignorarse como antes, aunque él estaba deseando que ella le buscara de nuevo. No era guapa, pero tenía una cara amable. Tenía unos pechos grandes y un culo duro, y eso le había excitado mucho. Pura, su mujer, aunque estaba bien formada tenía los pechos más pequeños y el trasero no tan redondo como el de la sirvienta.
No pensaba en la criada para casarse con ella, sólo pensaba en el placer cuando la poseyó. Para casarse necesitaba otra cosa. Si la criada hubiera estado nada más que con él, tal vez se lo hubiera pensado, pero no creía que eso fuera posible. Las mujeres que buscaban así a los hombres no estaban sólo con uno.
La criada volvió a buscarle más veces, siempre igual.

El cura y el herrero del pueblo al los que les había hecho algunos trabajos en invierno hablaron bien de él, y con la primavera, el capataz del amo volvió a llamarle en la plaza algunos días y ofrecerle de nuevo lo que el verano anterior, esta vez como si hablara con alguien del pueblo. Ya no era un forastero. Luego vinieron los encuentros con Dolores, la criada. Antonio no se creía la suerte que estaba teniendo.

Decidió hablar con Guzmán de sus ideas sobre volver a casarse. Y éste le dijo que le parecía muy sensato, de hombre cabal. Le preguntó si había pensado en alguna y a Antonio le pareció que le preguntaba como poniéndolo a prueba, supo entonces que sus juegos con Dolores no eran tan secretos como podía pensarse. Contestó que quería una mujer tan buena como Pura por lo menos pero, que si ya no se sentía extraño en el pueblo para pedir trabajo, sí creía que lo era para juzgar qué moza y entera, podría ser buena para ser su mujer, añadiendo, para no ofender a nadie, que, sin despreciar a su esposa, estaba seguro de que en el pueblo había muy buenas mujeres. Guzmán intentó esconderle el brillo de sus ojos y su tenue sonrisa al oír de boca de Antonio “moza y entera”. Hubiera perdido el favor del mandamás entre los jornaleros si hubiera dado muestras de querer hacer “decente” a Dolores. Le dio pena por ella, pero lo juzgó una de las muchas reglas que había que seguir sin más. Guzmán dijo, muy templado y casi indiferente, que preguntaría, pero le pidió que se fuera fijando él también.
No tardó mucho Guzmán en volver sobre lo del casorio. Antonio se afirmó en sus intenciones pero seguía sin. Hizo ver de nuevo sus temores porque, no conociendo todavía mucho a los vecinos, se fuera a ofender el padre, o familiares, de la moza que él pudiera siquiera nombrar como de su agrado. Iba por buen camino porque Guzmán volvió a mostrar, con en la vez anterior, su agrado con sus gestos. Lo que le propuso el veterano jornalero le dejó de una pieza. Guzmán comenzó alabando su buena disposición en el trabajo, que en tan pocos años –apenas hacía tres que andaba por allí- se había ganado buena fama en el pueblo, y que, por lo que él sabía, las suyas, su buen hacer en las cuadras y con la gente rica del pueblo, eran condiciones que le iba a seguir asegurando el pan. Confesó no querer andarse con más rodeos así que, tras haberlo meditado bien, y sabiendo que Antonio era por entonces uno de los mejores, sino el mejor partido para una buena moza, había decidido que porqué le iba a proponer a mujeres de otras familias teniendo, como él tenía, dos hijas en edad de casar.
Antonio entre sorprendido y halagado, emociones ambas siempre contenidas, como a los hombres corresponde, agradeció tan enorme deferencia. Hasta ese momento sabía que Guzmán le tenía en aprecio, pero hasta entonces no supo en cuánto. Antonio sabía que una boda así le aseguraría la vida en el pueblo. Yerno de Guzmán no era ser poco.
Se había fijado en las hijas de su protector, fueron de las primeras en las que se fijó pero desechó pronto la idea porque ni se le ocurrió que Guzmán quisiera consentir en una boda de su sangre con un forastero. Se equivocó de pleno, por fortuna para él.
Por supuesto, la elegida por el jornalero era la más mayor de las dos, Hipólita, de dieciséis años. Una muchacha más guapa de lo que había sido Pura. Es más, a Antonio le parecía una de las mujeres más bonitas que había conocido. No tenía las curvas, pechos y caderas de Dolores, pero es que Dolores era muy mujer y además, también era más mayor. Hipólita era guapa, pálida de piel porque no salía tanto al campo como otras mujeres y, cuando lo hacía, iba bien cubierta. Su familia se podía permitir que las hijas estuvieran más a las labores de casa. La idea del padre era colocar a alguna a servir como había hecho con la hija mayor en su día. Sí, era muy guapa para lo que Antonio estaba acostumbrado. Pero había algo que le intimidaba un poco. Hipólita siempre era más fría y distante que las otras. Sonreía y hablaba como las demás pero a él le parecía que estuviera más lejos. Por esa especie de distancia y frialdad, además de por ser hija de quien era, a Antonio apenas si se le pasó por la cabeza que pudiera desposarla. Había en el pueblo más de uno interesado en las hijas de Guzmán y la suerte eligió a un forastero viudo de casi 27 años. La diferencia de edad era la idónea. Un hombre adulto, ya formado y curtido, y con buenas miras para el futuro, pues de eso, en buena parte, se había encargado el suegro.
Antonio e Hipólita se casaron a finales de mayo, en la ermita, a pocos metros de donde descansaba Pura, a los dos años y un mes de su muerte. El suegro se encargó se santiguó ante la tumba antes de entrar a la iglesia. Fue un detalle que Antonio no pasó por alto y agradeció para sus adentros. Una mirada entre ambos bastó.
Casado con Hipólita ya no podía seguir viviendo en aquella habitación. A pesar de ser hija de jornalero, era de otra clase, distinta a la de Pura. Ella estaba acostumbrada a más comodidad. Antonio iba a recibir un pequeña dote, además del un muy buen ajuar –incluso había un juego de sábanas de hilo bordado por unas monjas-, así que se mudó a una pequeña casa de adobe, con dos cuartos y un pequeño corral en la parte trasera. Un lujo con el que nunca soñó pero que ahora se podía permitir gracias a su trabajo y a la influencia de su suegro. Le hizo unos pequeños arreglos y trenzó esparto para los suelos. En una de las salas, la de la chimenea, el suelo era de piedra y no de tierra apisonada. Con una de las mejores telas que le quedaban del ajuar de Pura, hizo una tosca cortina a modo de puerta entre las dos salas. Ambas tenían ventana. La que hacía las veces de dormitorio tenía un pequeño ventanuco que daba al corral. La otra tenía una ventana más grande que daba a la calle por la que se entraba. Pagó a la vecina de la antigua casa para que limpiase la nueva.
Él estaba hecho a dormir en el suelo pero le parecía que Hipólita no. Se las apañó para hacer un armazón de madera sobre el que poner el jergón y que no descansase cobre el suelo, una especie de cajón en el que ponerlo. Lo que tampoco esperaba era que, en el ajuar, se incluyera un jergón de tela, perfectamente cosido por su suegra, ¡relleno de lana!. Hipólita lo descosería cada cierto tiempo para lavar la lana y volver a rellenarlo. Antonio no estaba acostumbrado a todas estas comodidades y se extrañó de sí mismo por la naturalidad con la que lo tomaba todo. Al fin y al cabo lo había pasado muy mal el primer año. Había perdido mujer e hijo al poco de llegar y no se había quejado sino que había trabajado con ahínco, aprovechando todo lo que se le ofrecía sin rechistar.
Ya no podría estar con Dolores. El riesgo era demasiado alto, no por su mujer, sino por su suegro. Antonio no estaba interesado en asumir riesgos como ése. Dolores había sido algo muy bueno, que le vino muy bien por el tiempo que hacía que no estaba con una mujer. Pero ahora volvía a tener esposa, tenía quien le atendiera, le calentara, y le proporcionara el placer que el cuerpo necesita.
Al principio tuvo miedo de que, cuando se corrió la voz su boda, Dolores fuera a buscarle igual que antes, o que le pidiera cuentas enfadada. Pero no fue así. Dolores lo ignoró como siempre hacía estando en público, y no volvió a buscarle cuando estaba solo. Desde luego la admiró por ello. Sabía medir las distancias, y como todos en el pueblo, sabía la distancia que debía guardar con Guzmán. Luego le dio a Antonio por pensar que Dolores se hubiera preñado. Pero no ocurrió nada. Recordó que, en uno de sus encuentros, le preguntó cómo lo hacía para no quedarse preñada si dejaba que él estuviera dentro hasta el final. Ella sólo se rió de él y le dijo que era cuenta suya. Con la emoción del momento, no se detuvo en preguntarle más. Pensó que igual era una de esas mujeres que estaban secas por dentro y por eso le dijo que no se preocupara.
No creyó que, como a Pura, la fuera a echar de menos también a ella. Hipólita no resultó ni mucho menos como Dolores, ni aún tan dispuesta como Pura. Su primera mujer, aunque virgen, estaba bien aleccionada en que debía aprender de su marido y complacerle, e incluso pareció entender que si lo que hacía le gustaba a ella conseguiría tener más contento a su marido. Pero con Hipólita no pasó lo mismo. La primera vez sangró también. Antonio volvió a preocuparse, como hiciera con Pura, de haberla hecho mucho daño. Por una parte estaba emocionado, le excitaba la idea de desflorar a una mujer tan guapa como ella, pero por otra no quería asustarla porque parecía muy frágil. Cuando lo hizo con Pura la primera vez, fue ella quien, sangrando, le tranquilizaba. Aunque físicamente era más grande y robusta, Antonio supo aquella noche que su primera mujer había sido más fuerte de lo que jamás sería Hipólita. No era ninguna desgracia, sólo estaba criada de otra manera. Al fin y al cabo el hombre era él y cuando aceptó casarse con la hija de Guzmán sabía que no se casaba con una jornalera hecha al campo hasta para dormir al raso si hacía falta.
Era evidente que su esposa lo pasaba mal cada vez que la reclamaba entre las sábanas, aunque nunca se negaba y se mostraba sumisa. Tal vez fuera por la edad, aunque no era mucho más joven que Pura cuando se casaron, o tal vez por miedo a quedarse pronto en estado, la cuestión es que prefirió esperar y aguantarse las ganas de yacer con una mujer tan bella. Pensó que, pasado un tiempo, asumiría mejor sus deberes y, si notaba que él la tenía en cuenta, se mostraría más dispuesta. Podría haberla tomado desde un principio como le diera la gana, incluso por la fuerza, ni siquiera Guzmán hubiera podido censurarle, pero no le gustaba nada la idea de pensar en Pura o en Dolores, en echarlas de menos cuando había llegado a poseer una pieza tan delicada y bella como lo era su joven esposa.
Hipólita supo entender las acciones de su marido y se empezó a mostrar menos distante. Antonio aumentó un tanto sus requerimientos íntimos, con miedo al principio. Ella pareció reaccionar bien, de manera más cálida, era evidente, pero sin llegar al disfrute que experimentaba Pura. Había que asumir que a Hipólita, a pesar de toda su belleza, nunca le agradarían sus deberes carnales tanto como a su marido. Antonio lo aceptó como aceptaba tantas otras cosas, y dejó de preocuparse.
Hasta que llegó a ese punto con su mujer pasó casi otro año y, en consecuencia, no se le hinchó el vientre tan deprisa como pasara con su primera esposa. Además, ella tampoco sangraba cada mes como era lo normal en las otras mujeres. Hipólita se lo dijo creyendo temiendo posibles enfados de su marido. Él ya sabía, por su otro matrimonio, que eso les podía pasar a las mujeres y que igual se podían quedar embarazadas. Se quedó más tranquila al ver la experiencia de su marido. Un día le dijo, mientras cosía unas labores y él acababa de cenar, que Dios la había mirado bien porque le había dado un padre con muy buen juicio para casarla con él. Antonio asintió y dijo que, en efecto, su suegro era muy bien hombre. Cuando Hipólita se giró, aprovechando que no le miraba, le dijo: “Dios nos ha mirado bien a los dos”.
Aunque en la cama no era lo que él se había imaginado por su belleza, Hipólita resultó una buena esposa en otros quehaceres, la llevanza de la casa, la costura, los guisos, mantener calientes y limpias las habitaciones. En el campo tampoco se apañaba mal. Pero, si a Antonio se le iba la cabeza pensando en Pura, en la comparación siempre ganaba ésta. Se reprochaba a sí mismo compararlas pero luego pensaba era ese aire de frialdad y lejanía, que se le hacía que Hipólita seguía manteniendo, lo que le hacía distraerse así. Fría o no, distante o no, Hipólita era su mujer y cumplía con sus obligaciones como tal. No le pedía más.
Él por su parte hacía lo propio. Cumplir como el marido que se esperaba que fuese, más su suegro que su mujer. Antonio tenía esto bien presente. Hacerlo no le suponía el menor esfuerzo. Sabía que estaba en muy buen camino y no iba a estropearlo. Seguiría esforzándose como hasta entonces.
Que Hipólita se quedara o no embarazada era algo que apenas le preocupaba. Ella era joven, había muchos años para que los hijos vinieran y, mientras tanto, les daría tiempo a ahorrar más que a otras familias. El tener que llevarse algo a la boca cada día había dejado de ser un problema hacía tiempo, e iba a seguir siendo así. Entre tanto, su trabajo en las cuadras del amo estaba algo más asentado después de cinco temporadas. Se había permitido el lujo de pensar en su futuro allí. El viejo mozo de cuadra, Ubaldo, que no era sino su jefe más inmediato, era ya mayor, de la edad de su suegro y, que él supiera, no había por los alrededores nadie más capaz que él para sustituirle cuando hiciese falta.
Además del trabajo en sí, tenía la ventaja de poder ver a los amos, si no a diario, a menudo, para lo que mostraban ante el resto de la gente del pueblo. Ni siquiera el propio Guzmán tenía tanto acceso al amo como él. Cierto que D. Francisco era muy parco en palabras cuando entraba en las cuadras, que no era a diario porque estaba dispuesto que, las más de las veces, se le tuviera preparada la montura, o el carruaje, en la puerta de la casa grande. Ordenaba y disponía con tono seco y cortante sin mirar jamás directamente a nadie que no fueran los criados principales de la casa. El resto era como si no existiera. Hacía lo que todos los amos.
Antonio estaba en el resto que no existía, excepto cuando su Pura murió, cuando el amo mandó recado de pésame. Se imaginaba que en desgracias como aquella, el amo haría igual con toda su gente. Aunque así fuera se sentía igual de agradecido. Había conocido a otros amos y éste era el único que se portara así con los suyos.
Una noche, al regresar a la casa, se cruzó con su suegro. Anduvieron un trecho del camino juntos, hablando de sus cosas, del trabajo, de sus mujeres. Antonio le comentó que aquella mañana, sin avisar, según su costumbre, se presentó el amo en la cuadra. Quería preparar él mismo un caballo que acababa de traer en su último viaje. Cuando hubo terminado vio que Guzmán parecía reflexionar sobre si hablar en aquel momento o no. Por fin, le dijo que, aunque de común le ignorara como a los demás, tuviera bien presente que el amo lo había distinguido a él como no se recordaba con otro en el pueblo. Antonio se quedó mirándole un segundo. Le respondió asintiendo y mostrándose agradecido pero añadió que entendía que el darle trabajo en la cuadra había sido, ante todo, favor hecho por su propio suegro que, sin apenas conocerle –“habló usted bien de mí, sabiendo sólo que trabajaba duro y entendía de fragua y animales”-. Guzmán reconoció su acto y, por un instante, no pudo ocultar su orgullo al haber acertado como lo hizo pero, un tanto sorprendido, le dijo a Antonio que no se refería a su labor en la cuadra, sino a que el amo mandase recado de pésame con el capataz cuando enviudó de Pura. Confesó que, aunque ya se había fijado en su modo de trabajar y conducirse, fue esta deferencia del amo lo que hizo seguir hablando en su favor al capataz, para el puesto en las cuadras, los años siguientes. ¿Cosas así?, ¿En ocasiones como aquélla?, pensó. ¿No se había conducido igual D. Francisco con vecinos del pueblo, que llevaban allí toda la vida? Fue la pregunta que salió de labios de Antonio. A lo que el suegro le contestó que no lo había hecho nunca hasta entonces, y menos con un forastero, como fuese Antonio cinco años antes. Ambos caminaron un rato en silencio. Así llegaron hasta la casa de Guzmán, unos metros más adelante. Antes de despedirse de él, Antonio esbozó una de sus escasísimas y leves sonrisas mientras le miraba a los ojos y le decía que pensaba que debía dar gracias a Dios por haber encaminado sus pasos a aquel pueblo, a pesar de la muerte de su santa primera esposa y de su hijo. Guzmán esbozó otra tenue sonrisa, le puso la mano en el hombro asintiendo y se despidió de él mientras desaparecía tras la puerta.

Intentó dejar zanjada así la cuestión. Lo último que quería es que Guzmán se hiciera preguntas sobre aquello, que se preguntara por qué el amo, consejero de reyes, había distinguido así a un forastero, un simple jornalero que no tenía donde caerse muerto, que se preguntara por qué no había sabido Antonio hasta entonces que aquel pésame había sido un trato de favor como ninguno hasta esa fecha. Le entró miedo. Tuvo miedo a la pregunta que no dejaba de martillearle: ¿Por qué? Un mandado no debía pensar en porqués.
Estuvo días dándole vueltas a lo mismo. No permitió que nadie notara lo que rondaba por la cabeza. Por supuesto no iba a preguntar más a Guzmán, ni a él ni a nadie. Si algo tenía claro es que no volvería a hablar con nadie de aquello, nunca. Y lo cumplió, pero estuvo mucho tiempo cavilando sobre lo mismo. El día que el trabajo, ya duro de por sí, se volvía más fatigoso que de costumbre, lo agradecía en su fuero interno, sabiendo que el cansancio le haría olvidarse, por lo menos ese día, de lo que ya se alargaba meses rondándole por la cabeza. Pero el tiempo lo puede todo. Hacía bien confiando en él. Su vida iba muy bien, se prometían años de sustento asegurado con una buena esposa al lado, y el mejor consejero y aliado que alguien como él podía soñar, pues en eso se había convertido su suegro. Poco a poco se fue olvidando de la conversación de aquella noche, ya no quería saber por qué el amo fue tan amable con él en el fallecimiento de su mujer.

Pasaron otros dos años. Antonio ya era un hombre maduro con treinta años. Su mujer ya tenía diecinueve. Los problemas de Hipólita para concebir era ya por entonces un hecho. Su cuerpo pareció regularse y sangraba cada mes, como las otras. A partir de ahí no tardó en quedarse en estado. Pero entonces pareció que se le iban las fuerzas. Aunque ella seguía igual de dispuesta para las tareas, incluso las más duras, se notaba que no podía como las otras cuando habían estado con el vientre lleno. En esos dos años tuvo dos abortos. Antonio estaba preocupado por la salud de su esposa, no tanto por no tener descendencia, porque sabía que antes o después vendrían los hijos, sino porque después de cada aborto debía recuperar fuerzas, algo en lo que, acorde con su naturaleza, más frágil que de común, también le invertía más tiempo. Antonio temía que pasar por lo mismo demasiadas veces la debilitara en exceso. A pesar de que no era fuerte, ya le había tomado cariño y costumbre, y no quería volver a quedarse viudo. Lo de los abortos tampoco era extraño, abortaban muchas mujeres de mejor naturaleza que su esposa. Las jóvenes abortaban mucho más que cuando pasaban por lo menos la veintena de edad la primera vez que se quedaban preñadas. Los hijos vendrían, de eso estaba seguro, y así se lo dijo a Guzmán, un día que hablaron de ello. Su suegro, como buen padre, parecía preocupado por su hija y, como buen hombre, pareció disculparse con Antonio por la debilidad física de Hipólita. Antonio, para tranquilizarlo, le dijo que él estaba satisfecho con la esposa. Era cierto.

Una tarde se presentó de improviso, como hacía siempre, el amo en la cuadra. Ordenó le preparasen un caballo distinto al habitual. Mientras cumplían con lo mandado, D. Francisco, para sorpresa de Antonio y Ubaldo, se dirigió al primero mirándole directamente a los ojos con una altivez propia de un amo, pero con un desprecio en sus palabras como nunca había oído antes Antonio, al mismo tiempo que le cogía del pecho bruscamente, atrayéndole hacia sí y, apoyándole de un golpe contra el muro de la cuadra, dijo: “Incluyéndome a mí, eres el hombre con más suerte y fortuna de toda la comarca, espero que des gracias al cielo a diario por todo lo que tienes”. Con la misma brusquedad lo soltó. Antonio, sin saber qué hacer, permaneció con la cabeza gacha. Como si no hubiera pasado nada, siguió con la preparación del caballo. El amo y Ubaldo hacen lo mismo. Antonio notaba que le quema la cara, le dolía la espalda y el pecho, por la violencia del trato recibido, notaba los golpes de sus palpitaciones en la cabeza como si se la estuvieran martilleando, pero seguía a lo suyo como si nada. Estaba sosteniendo ya la cabalgadura para que el jinete montase. D. Francisco se disponía a salir. En la cabeza de Antonio una voz gritaba ¡que se vaya! ¡que se vaya! Pero no, todavía un sobresalto más. A punto de arrear al caballo, el amo encajó, de nuevo violentamente, una de sus botas en el hombro de Antonio y le espetó, mirándole otra vez a la cara con más rabia si cabe, pero esta vez en voz más baja: “Depende de mí que siga tu buena suerte. Yo soy tu Dios... ” y se marchó.
En la cuadra quedaron los dos, el viejo y experto mozo de cuadra, y el propio Antonio. Durante varios segundos siguieron inmóviles ante la última reacción de D. Francisco. Por fin fue el viejo quien habló, preguntándole a Antonio, un tanto nervioso pero también enfadado qué había hecho para que el amo se pusiera así con él. A él le daba igual lo que el amo quisiera hacer o no con Antonio, pero que si le preguntaban no diría nada a favor de él. Añadió que no iba a verse perjudicado por Antonio, después de todos los años que llevaba trabajando allí: “Conozco a D. Francisco desde que nació y nunca le había visto así. Tú verás pa’dónde tiras pero a mí no me llevas por delante” En los años que Antonio llevaba con él, nunca había oído a Ubaldo tantas palabras seguidas. Antonio sólo le pudo contestar: “No lo sé, sólo cumplo con mi trabajo, no sé en qué he podido faltar al amo. Sólo cumplo con lo que se me manda” Da igual, pensó Antonio, el amo tiene derecho a todo.
Pasó el tiempo desde el episodio en la cuadra. A Antonio tardó en írsele el miedo del cuerpo. El viejo mozo, tras lo ocurrido, se mostró desconfiado y de mal humor por todo, pero también volvió a su trato habitual para con él, aunque le costó lo suyo. No habló con nadie de lo sucedido. Dudaba de si Ubaldo había decidido hacer lo mismo. Sabía que también a él le perjudicaría que aquello se supiera. De un modo u otro no le quedaba otra que confiar en el buen juicio del aquel sirviente.

Aunque el temor del primer momento pasó, por mucho que rezara y lo deseara, su cabeza no dejaba de cavilar con lo mismo: primero la conversación con Guzmán aquella noche, y luego las palabras y la violencia de D. Francisco. No le impresionó ni le amedrentó que aquel señor lo tratara mal. De los amos no se podía esperar otra cosa, no había porqué esperar otra cosa. Lo que le metió el miedo en el cuerpo es que pareció que el amo... tuviera envidia de él. Era absurdo, una locura pensar aquello pero así era. Le había parecido que el amo tenía envidia de él por algo que ni el propio Antonio sabía, y por eso lo había tratado así. El amo le quiso dejar claro quien mandaba. ¿Por qué a un señor como aquel le hacía falta dejar claro su dominio frente al más insignificante de sus sirvientes? ¿No estaba claro desde que el mundo era el mundo?, pensaba Antonio. ¿Por qué un señor como aquel empleó tanta contundencia en sus formas de imponerse frente a un sirviente como él, que se había mostrado obediente, sumiso y dispuesto a obedecer hasta donde fuera preciso? Le era imposible dejar de dar vueltas a todo aquello.
Una tarde el mozo le increpó con malos modos desde la entrada de la cuadra. Era la hora en la que el viejo volvía de comer en las cocinas. Le dijo que le habían ordenado que al día siguiente Antonio saliera de caza con D. Francisco. Le preguntó si había ido de caza antes. Antonio respondió que sí pero no con un amo como D. Francisco. Ubaldo le hizo preguntas más concretas de las artes de la caza para saber qué debía de enseñarle. A Antonio, como siempre, ni se le ocurrió preguntar lo que a los dos les rondaba la cabeza: ¿Por qué no acompañaba Ubaldo al señor, como había hecho más veces, en lugar de ir Antonio? Aunque mayor, Ubaldo soportaba perfectamente las fatigas un día de caza. Empezaban a ser demasiadas preguntas para el pobre Antonio.
A la mañana siguiente, antes de amanecer, estaba en la puerta de atrás de las cocinas, tal y como se le había mandado, listo para la jornada y rezando para que D. Francisco no le tratase como la última vez. Los moretones de su encuentro habían tardado en irse. Ni siquiera Hipólita los vio, ya se guardó él muy mucho de que así fuera. Las preguntas, sin embargo, lejos de desaparecer, cada vez eran más.
La escena de la cuadra no se repitió. Le ordenó y ignoró, en lo que era el comportamiento normal de un señor y su criado. Los gritos normales y la fusta amenazante, pero nada más. A su pesar, las salidas a cazar en los meses siguientes se vinieron a sumar a las tareas de Antonio. A veces iban los dos, a Ubaldo y él, pero, casi siempre era Antonio el elegido para preparar la montura, las armas, buscar la pieza caída, llevar a los perros... Antonio aguardaba temeroso caja jornada con el amo, sin embargo para sus familiares resultaba una gran satisfacción. Tuvo que decírselo a su familia, mejor eso que se enteraran por los chismes de las cocineras de la casa grande. En el pueblo no tardó en ser la comidilla aunque para bien. Más de uno se hubiera querido ver en el puesto de Antonio que ahora pasaba días enteros junto a D. Francisco. De paso Guzmán reforzaba el prestigio que ya tenía. Sólo alguien de tan buen juicio como él habría visto las ventajas de casar a una de sus hijas con un forastero como aquel. Ya nadie dudaba de su buen porvenir. Nadie excepto el propio Antonio. En otras circunstancias hubiera sido motivo de una gran dicha pero, para Antonio, después del trato de la cuadra, y por lo que empezaba a conocer a D. Francisco, le parecía que aquello le ponía en una cuerda floja de la que el amo lo arrojaría cuando le viniera en gana. Él sabía, por lo que había oído a las cocineras, que las cosas en la corte no habían sido favorables en los últimos tiempos. Los sirvientes achacaban a la mala racha del amo entre los de su clase que estuviera alargando aquel año el tiempo que dedicaba a sus tierras. Oyó decir que el amo hacía tiempo que hubiese deseado volver a la corte y, el permanecer obligado en el campo, por mucho que les gustase controlar sus posesiones, le estaba agriando más de lo normal el carácter. A Antonio le estaba tocando padecerlo más que a nadie. Los amos solían pagar sus malos humores con sus mandados. Antonio sabía que D. Francisco le había cogido gusto a tenerle atemorizado.

No se equivocaba. Durante una más de las cacerías, D. Francisco, tranquilo sobre su montura, mirando al frente, con su sirviente caminando al lado, le dijo sin más: “La mujer que tienes ahora es muy guapa. Aunque tarda en preñarse”. Miraba de reojo a Antonio, esperando a ver su reacción. Él, sin apartar la vista del suelo se limitó a decir: “no sé amo, yo acepto las cosas como quiere Dios dármelas”. No era lo que buscaba, así que, pasados unos segundos, insistió en su conversación: “la primera, de no malograrse, aunque feota, era mejor hembra”. No consiguió sacar otra cosa de Antonio que su asentimiento “lo que el amo diga para mí está bien”. D. Francisco siguió: “Sí, la primera era mejor hembra, te lo digo yo” dijo agachándose para acercarse a su criado mientras le asomaba una sonrisa. Esta vez sí lo consiguió. Antonio miró al frente con los ojos muy abiertos estuvo a punto de girarse y pararse en seco, pero no, pudo contenerse en el mismo segundo y seguir caminando junto al caballo. “Un poco más, está a punto”, debió pensar D. Francisco. Estaba disfrutando como hacía tiempo. Bajó del caballo casi sin detenerlo y se puso a caminar junto a Antonio: “Un poco guarra eso sí. He estado con mujeres preñadas más de una vez, y nunca a ninguna le dio por sangrarme encima, la muy guarra me puso perdido” Esta vez acabó de acaparar la atención de Antonio, que, inmóvil, no podía apartar la vista de él, atónito. “Sí”, prosiguió con naturalidad, atento a los movimientos de su criado, “forcé a tu mujer a punto de dar a luz. He forzado a otras y lo seguiré haciendo. No pensé que estuviera tan cerca de parir pero esa tarde tampoco me importaba. La vi allí, sola, apartada de los demás. Estaba orinando, con las faldas subidas. La estuve mirando, escondido de todos, sin que nadie supiera que estaba por allí, como he hecho otras veces. La miré mientras acababa, mientras se limpiaba y se colocaba las ropas. Yo ya había decidido que iba a desahogarme con aquella hembra. Salí de entre las jaras a la vera del trigal. Le di el alto y le ordené que me dijera quién era. Ella me lo dijo, con la cabeza baja, un poco asustada. Bajé del caballo y fui hacia ella. No se apartó. Pero cuando la agarré intentó desasirse. Al ver que la llevaba de nuevo hacia los árboles supongo que se imaginó lo que iba a pasar y forcejeó más mientras me suplicaba con voz queda que la dejara ir, que estaba a punto de dar la luz y que no disfrutaría con ella. La tiré junto a un árbol y empecé a desabrocharme y, entonces pasó lo que nunca ¿Entiendes?. D. Francisco, que hasta ese momento estaba disfrutando, pareció que estuviera a punto de enloquecer mientras se confesaba con Antonio: “¡Pasó lo que no tenía que pasar! Me miró a los ojos con odio y rabia, Tumbada en el suelo, se puso ante mí como si yo fuese el siervo y ella la señora, y ¡me ordenó que no lo hiciera! ¡Me asusté! Me quedé quieto mirándola con rabia esperando a que bajara la mirada, pero no lo hacía. ¡Nunca nadie me había hecho eso! Le abrí las piernas a fuerza y la atraje hacia mí. Ella forcejeaba sin dejar de mirarme y ordenarme. Yo no quería mirarla, me reía pero tenía miedo. Seguí a lo mío. Pensé que gritaría pero no lo hizo. Cuando me sintió dentro dejo de resistirse. Se quejaba pero no se resistió más. Pensaba que me había salido con la mía. ¡Te lo digo de verdad!, pensaba que me había salido con la mía otra vez. Como era lo suyo. Más me valdría no haberla tocado. Cuando me incorporé me cogió del brazo con las fuerzas que le quedaban. Me volvió a mirar a los ojos desafiante y dijo –“maldito seas, yo maldigo tu vida en este mundo, ojalá sufras todo cuanto sea posible en esta vida antes de arder en el infierno”- Iba abofetearla pero no lo hice. Corrí hacia mi caballo y la dejé allí sangrando. Deseé que se muriera allí mismo. Desee morirme yo. El resto ya lo sabes” Al momento pareció calmarse dejando escapar un pensamiento en voz alta mirando fijamente a Antonio: “Y un desgraciado como tú se casó con una mujer así“. Con las mismas volvió a recuperar su altivez y acabó diciendo: “¡Que te quede claro que tu buena suerte depende de mí!”. Y volvió a subirse al caballo tan rápido como había bajado, sin aumentar el paso, como queriendo ver la reacción de Antonio. Que no dejaba de mirar al suelo con los ojos muy abiertos como si un demonio se hubiese apoderado de él.

Primero deseaba no haberse enterado nunca de todo aquello. Ahora ya sabía qué aquello por lo que el amo le enviaba y castigaba. Por ser el marido de Pura. Por lo mismo que le premió y de distinguió del resto. El amo se lo había contado para martirizarle, para meterle el miedo en el cuerpo de por vida. Luego se acordaba de todo lo que debió sufrir su pobre Pura –la admiraba antes pero ahora su respeto por ella era mucho más fuerte- y sentía culpable por pensar así. No hubo nadie que la ayudara y ella no se quejó ni le dijo nada aun cuado pudo haberlo hecho, pero ¿qué podría haber remediado él de haber estado allí? El amo lo habría matado de interponerse y luego igualmente habría violado a su esposa y malogrado el embarazo. Su mujer y su hijo estarían muertos de todas formas y serían tres en aquella fosa. En los días siguientes,
aprendió que no había sabido lo que era odiar hasta que el amo le contó todo aquello. Cómo lo odiaba. Tenía miedo, mucho miedo, más de lo que había tenido nunca, pero el odio era más fuerte. Deseaba ver muerto a D. Francisco. Deseaba verle morir. Deseaba verle sufrir. Y más que nada, deseaba que aquellos pensamientos no hubieran tenido nunca que pasar por su mente.

Por fin pareció que Hipólita se quedaba embarazada. Su miedo aumentó aún más. Intentaba no dejarla sola mientras podía. Buscaba excusas para que los días que pudiese se quedara en casa o con su madre, aunque ganase menos jornal. Tenían suficiente a pesar de todo. Se imaginaba a D. Francisco atormentado a Hipólita como lo hizo con Pura y sentía enloquecer. Pero nada salió fuera del mismo Antonio. Siguió sin hablar con nadie. Ni su suegro, ni su mujer. Nadie. No hubiera servido de nada decirles todo lo que ahora sabía. El consejo de su suegro hubiera sido el que él mismo se había dado. Guardar silencio y hacer como si nada hubiera pasado. Los amos son así de malos y caprichosos. Llevaba años convencido de que aquel era el mejor amo que había conocido nunca. Y ahora, de golpe, entendía lo del pésame y su buena suerte en aquel pueblo. De alguna forma incomprensible las palabras de Pura habían hecho mella en aquel bastardo. ¡Favoreciéndole a él quiso enmendar su crimen! Todos los pobres dependían de la voluntad de sus amos, pero a él le había tocado, más que a ningún otro, ser consciente de hasta qué punto era cruel el amo y de hasta qué punto estaría toda su vida bajo el yugo de D. Francisco. Sabía que había disfrutado viendo sufrir a Antonio con sus palabras. Sabía por lo que Antonio estaba pasando ahora y estaba disfrutando con ello. Pero, si quiso redimir su crimen con Pura, ¿Por qué, Dios mío, atormentarme ahora confesándomelo todo sabiendo que yo no puedo perjudicarle de ninguna manera? Antonio sentía que estaba viviendo un infierno en vida. Un amargor que, aunque lo disimulara bien, ni siquiera la satisfacción por el embarazo de Hipólita podía disipar.

Hipólita tuvo un hijo. Le costó pero al final la cosa fue bien. Los dos salían adelante bien. Antonio siguió saliendo a cazar con el amo cuando éste lo mandaba, aguantando sus palabras cuando le daba por lanzarlas contra él y recordarle el episodio con Pura y lo que podría hacerle a él y a su familia cuando quisiera. No sabía qué había hecho para que Dios le castigara así, pero estaba decidido aguantar lo que fuese para salir adelante él y los suyos. Así pasaron varios años más.

Aquella tarde estaba oscura. Hacía algo más de calor que los días de atrás pero las nubes amenazaban tormenta. Aún no habían cobrado ninguna pieza y empezaba a hacerse hora de volver, sin embargo el amo insistía. Buscaba un jabalí que los perros habían olido. Desde lo alto de un cerro cercano, el amo lo divisó, tranquilo entre romeros, en la vaguada siguiente. Hacía allí se dirigieron. Los perros se inquietaron más, señal de que la presa estaba cerca. D. Francisco ordenó soltarlos y tras ellos espoleó su montura hacia donde se suponía estaba la presa. Antonio corrió tras él. Perros, caballo y jinete se perdieron entre los pinares aunque se les oía muy cerca y aún se les divisaba según se movían entre las jaras y los árboles. Oyó un gruñido atronador de jabalí y al amo gritar que le había herido. Le gritó que corriera. Le apremió insultándole. Antonio no se hacía esperar y acudió tan rápido como le permitían sus piernas. Vio al amo a unos metros, junto a su montura. Comprobaba el rastro del animal. Había sangre en la tierra y los arbustos. El amo también le vio a él y le gritó más brusco aún que se apresurara. Mientras Antonio se acercaba, el amo se giró de repente, miró hacía un lado e intentó de nuevo subir al caballo, pero no le dio tiempo. El jabalí lo envistió sin piedad contra el árbol que tenía detrás. El caballo salió desbocado. Antonio, viendo que no le daba tiempo a acudir al sitio, se subió a un árbol lo más rápido que pudo. Desde allí vio el resto de la escena sin poder hacer nada. El amo gritaba mientras movía su cuchillo intentado herir al animal. Lo consiguió varias veces y casi fue peor porque le pareció a Antonio que con cada cuchillada el jabalí arreciaba sus dentelladas y embestidas, cada una con más virulencia que la anterior. El jabalí estaba muy mal herido, sangraba mucho pero aún consiguió salir corriendo para caer unos pasos más allá. No se lo pensó dos veces. Saltó de su escondite y corrió tras él sacando su cuchillo. Se abalanzó sobre el jabalí para rematarlo. El animal opuso resistencia pero Antonio se pudo hacer con él. Ya había rematado otras piezas del amo.

Volvió corriendo a donde estaba el amo. Estaba despierto, lleno de sangre suya y del jabalí. Se esforzaba en presionar contra su vientre la mano diestra. Antonio no sabía qué hacer, estaba inmóvil junto él. D. Francisco le miró con más rabia que de normal y le gritó: “¡Maldito cabrón, ayúdame! Busca al caballo. Le necesitamos para subirme en él y poder llegar a casa. ¡Muévete asqueroso, muévete! ¡Dios, me duele!
Algo pasó en el interior de Antonio. El caballo no estaba lejos. Lo cogió y lo llevó, a paso tranquilo, donde esperaba el amo mientras se desangraba. Debía tener más de una parte de su cuerpo rota. De la mano en el pecho le salía más sangre que antes, aunque intentaba ocultársela a Antonio. Cuando llegó D. Francisco volvió a maldecir y gritar ordenándole que le subiera al caballo. Antonio no se movió. Con las riendas del caballo en la mano, se limitó a sostenerlas para que el caballo no se fuera de nuevo, asustado por las voces de su dueño. El amo, desencajado y comprendiendo lo que estaba pasando, volvió a gritarle pero Antonio siguió sin moverse, tan sólo le miraba.

Llovía la tarde que enterraron a D. Francisco. Al acabar el sepelio, Antonio volvió a sus labores en la cuadra, como era su obligación.


Nota: En la actualidad.
Aparece una noticia en un periódico local: “... las obras de restauración de la iglesia han dejado al descubierto los cimientos de una antigua ermita que se asentó en el mismo lugar. Dentro de lo que parecen los muros de un patio, que dicha ermita habría tenido adosado, se han encontrado restos humanos. Parecen antiguos enterramientos. El mejor conservado es el de una joven mujer, casi adolescente, junto al cual también se han hallado los restos de un esqueleto más pequeño. A la vista de todos los datos, los arqueólogos creen que pudiera tratarse de fallecimientos provocados por un parto malogrado, algo normal en la época en la que se ha datado el yacimiento...”

1er Premio Certámen Literario Miguel Hernández 2005