martes, 2 de junio de 2009

Cinco carteles magentas tuvieron la culpa...

o fue quien los rompió y los quitó de las paredes, de los lugares que los afiliados de Unión Progreso y Democracia de Daganzo habían elegido cuidadosamente, porque apenas si contaban unas decenas de carteles electorales para la Campaña de la Elecciones Europeas de 2009. El presupuesto del partido en aquella época era exiguo y se repartía al milímetro.

Ella no sabe qué le pasó por la cabeza cuando, tras casi cinco días de comprobar cómo aguantaban su escasa, vistosa y simbólica cartelería, comprobó esa tarde, mientras acudía a la guardería a recoger a su niña, cómo cinco de ellos, los más visibles al paso de transeúntes y conductores, habían sido arrancados. Al mismo tiempo comprobó que los carteles de los grandes partidos -los dos que se repartían la municipalidad daganceña hasta entonces-, PSOE y PP se llamaban en aquel entonces, estaban en su sitio. Algunos de los magenta habían sido adosados a la pared tapando el de uno u otro signo, ya que ya el primer día de campaña se ocuparon, sus respectivos servicios profesionales del sector- entre las 00:00 y las 8 de la mañana del día siguiente de inundar la localidad -como el resto de España- de todos los símbolos y material de propaganda política que el paisaje urbano pudiese soportar. Pues como digo, alguno, se asentaba sobre otro cartel y resultaba que dicho cartel, al arrancar los magentas, seguían en su sitio, inmaculados, de lo que se concluía, al menos así lo entendió ella, que, quienes se entretuvieron en arrancar lo que con tanto esfuerzo -esfuerzo voluntario, no profesional, alimentado con al espíritu y la fuerza de las ideas y sin ninguna remuneración de por medio- les había costado colocar a ellos, habían tenido buen cuidado en no despegar los de los grandes partidos.

Lo pensó un segundo, como un segundo duró el vistazo que echó a uno de los carteles, a lo poco que quedaba de él.
En el paseo hasta la guardería de su hija comprobó que la propaganda de PSOE y PP estaba intacta, incluso era más numerosa, y también más irrespetuosa con las fachadas y propiedades privadas.

Lo decidió en ese segundo. Su marido se sonreía. Sabía que lo iba a hacer.
Había conseguido otros pocos carteles en una acción conjunta con otros afiliados de otras poblaciones. Hasta ese segundo no creyó que fuese a usarlos.

A las 21:30 h salía de la habitación de su hija. La dejaba tranquila, en su cuna, después de su rutina diaria de baño, cena y cuento para dormir. A las 21:35 besó a su marido y le dijo que no tardaría más de media horita. En la puerta de casa, hizo la mezcla de la cola en el cubo de fregar. Unos minutos más tarde, gorra magenta bien encajada, guantes, el cubo, brocha, y carteles bajo el brazo se encaminaba a pegarlos de nuevo.

No había mucha gente por la calle. La noche que caía heredaba el calor que la tarde había dejado en el asfalto. De no ser día laborable las terrazas de bar por las que pasaba hubieran estado más llenas. Los clientes se la quedaban mirando. De igual manera, en plena faena de pegada de carteles en solitario, los vecinos que aprovechaban la calidez de hora para pasear o sacar al perro detenían su mirada en ella.

Y ella a lo suyo. Con vergüenza escondida bajo la visera, en la misma cantidad que su decisión de volver a pegar los carteles exactamente en el mismo sitio del que los habían arrancado. Los magentas, los únicos que habían arrancado.

Cinco carteles. En los lugares más visibles de la localidad, de Daganzo de Arriba, cinco tuvieron la culpa.

Escribo esto a las 23:00 de la noche del 2 de junio de 2009. Hace apenas 90 minutos que ha pasado todo esto.
Y todo por creer que las cosas tienen que cambiar, y que UPyD transmite ese cambio. Estamos re-ge-ne-rán-do-nos como ciu-da-da-nos.

Nieves Milagros M. G.

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