martes, 27 de octubre de 2009

AUTONOMISMO, FEDERALISMO Y DEMIURGIA JURÍDICA (II)

http://elautonomistamagenta.blogspot.com
A mi, personalmente, (y no se como les sienta a Vds.) los ejemplos de lo bien que funciona el federalismo en Estados Unidos, Alemania o Suiza (¿Por qué no hablamos mejor de Méjico o de Argentina?) me pone los pelos de punta. Cualquiera que conozca lo más mínimo la sociología de alemanes, suizos o estadounidenses, sabe que tienen un fortísimo sentido de pertenencia a la Nación; el estado federado es secundario para ellos; ¿alguien se atreve a afirmar lo mismo de España? Así que, por favor, hablemos de la URSS y su post, la llamada Confederación de Estados Independientes, que acabó como acabó; del Pakistán anterior al surgimiento de Bangladesh o de ejemplos como Chequia y Eslovaquia que se nos parecen mucho más (por no mencionar un ejemplo que pone los pelos de punta: Yugoslavia). Yo no creo en eso. Creo que una propuesta federalista no es trasversal porque es excluyente; no es progresista porque es revisionista, no es novedosa porque huele a rancia; de hecho, creo que toda esta discusión es contraria al espíritu de UPyD porque a quienes están luchando por subsistir en medio de esta crisis económica, les preocupa un pito esta discusión en la que se nos ha obligado a sumergirnos.Llamemos pues, a las cosas por su nombre: Hablemos de estados federados, si eso queremos defender. Pero, por favor, no confundamos a nuestros afiliados, votantes y simpatizantes, porque los conceptos significan lo que significan e implican lo que implican.No voy a entrar en Historia porque no viene al caso hacer un pormenorizado repaso de la particular visión de la misma que se tiene por algunos pagos; lo que llamamos Historia, casi siempre es interpretación y, casi nunca, ciencia. Sería entrar en una ‘probatio diabolica’. Pero, eso sí, permítaseme un único comentario. Carlos acierta cuando dice que la formación del Estado unitario español fue muy lenta y muy ambigua. Casi puedo aceptar que no cabe hablar de Estado unitario hasta la Constitución de 1812, saltándome a la torera los Decretos de Nueva Planta de Felipe V entre 1707 y 1724. Pero, resulta más difícil, cuando da un salto mortal y dice:“…hasta las Cortes de Cádiz de 1812, no se puede hablar con propiedad de una nación española…”.Vamos a ver: Una cosa es el Estado y otra es la Nación. No argüiría que existiese un Estado unitario anterior a 1812 porque, por devenir histórico (eso que nuestro compañero y dirigente pasa por alto continuamente) “las Españas” habían tenido un desarrollo complejo debido al desmoronamiento de la monarquía visigótica y la coexistencia, dada por la peculiar geografía peninsular entre otros muchísimos factores, de distintas monarquías peninsulares, tanto cristianas como musulmanas. Además porque el concepto de Estado no podemos encontrarlo sino en la Era Moderna, como mucho.Ahora bien, la nación española, el sentido de ser españoles, es absolutamente anterior, no ya al siglo XIX sino, incluso, al XV, XII o X. Deberíamos remontarnos tal vez a la Hispania Romanorum para entender ese concepto, compartido, no ya por los cristianos peninsulares sino, incluso, por los peninsulares de los reinos no cristianos (incluyendo a nuestros nunca suficientemente llorados moriscos y ladinos que fueron expulsados de nuestros territorios con grave quebranto de nuestra economía y diversidad de pensamiento y que siguen cantando su ansiedad por la Sefarad perdida) Así que, lo siento, pero no puedo aceptar tal argumentación.Ahora, está el tema de lo complejo que sería una devolución de competencias al Estado y que implicaría una profunda reforma constitucional ¡Pues claro!¡Eso mismo defendimos en nuestro programa electoral de 2008! Entonces no parecía preocuparnos ¿por qué ahora sí? Y otra pregunta más, si me permite: Desarrollar una Constitución federalista ¿no implica modificación constitucional profunda? Porque, de hecho, lo que se propone con ello es modificar la propia estructura actual del Estado. Así que la argumentación denostativa contra la devolución de competencias a un Estado unitario autonómico es la misma que puede usarse contra el desarrollo de una Constitución federalista. Tal reforma constitucional no daría en “una especie de federación” como mantiene Carlos Martínez; daría en un Estado fuerte, descentralizado en comunidades autónomas; no en reinos de taifas que contenten a los nacionalistas, que es su proposición. Vd. no propone un Estado unitario; Vd. propone un Estado compuesto, un Estado que incluye estados federados. Lo que no sueñan los secesionistas ni en su mejor sueño.Otra cosa: El artículo CE 150.2. ¡Pues claro que dice lo que dice! Y por eso mismo hay que expulsarlo de la Constitución, porque es un coladero constante para los sobornos de los nacionalistas. Muerto el perro se acabó la rabia. Resulta asombrosamente argumentativo decir que, porque existe ese artículo, debemos acabar con toda la Constitución y lanzarnos a la descabellada aventura de un proyecto de Estado federal. A mí me parece una tremenda irresponsabilidad política ese tipo de propuesta. Nos lleva por derroteros que no podemos siquiera imaginar y sigo pensando que, los experimentos, en casa y con gaseosa.Un último comentario: Debemos tratar con mayor sensibilidad a afiliados y simpatizantes, porque también hacen aportaciones interesantes al partido y no todo el mundo se acerca de manera malintencionada. A mí, al menos a mí, me preocupa cuando alguien disiente y se le dice que el problema es que no entiende. Esa forma de reacción ante el disentidor, ese paternalismo, como si de bisoño infante se tratase, implica una cierta falta de respeto hacia las entendederas del tal y que, el que tal arguye, se considera infalible y poseedor e intérprete de algún tipo de verdad absoluta, demiurgo que interpreta para el resto de los mortales el mundo de las ideas que sólo él puede entender. Y, como todo hemos leído a Moliere, diré que, quien así actúa, me recuerda al Alceste de ‘El Misántropo’ que a todos encontraba errados y falsos menos a su amada Celimena (¿la federalidad?) que en el acto quinto, escena séptima, le sale rana y le responde a Alceste:“¿Yo, renunciar al mundo antes de envejecer, para ir a enterrarme en tu desierto?”
Pues eso.
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AUTONOMISMO, FEDERALISMO Y DEMIURGIA JURÍDICA (I)

Resulta evidente que, en UpyD, debemos existir muchos ignorantes. Dicho así ¡vaya! Que suena fuerte ¿no? Dirán mis compañeros: ¿Y este? ¿De qué va ahora? Espero que en unas cuantas líneas seré capaz de explicarme (o de perder muchos amigos para siempre)Parece que existe una cierta preocupación en un sector del Partido por el creciente rechazo que tenemos muchos afiliados a la idea de incluir el federalismo entre los postulados que defendemos; y ello se manifiesta en la didáctica preocupación por explicarnos qué es y qué no es federalismo por parte de algunos de nuestros más respetados compañeros. Así, contra deseo, uno se ve en la acuciante obligación, ni buscada ni pretendida, de responder algunos argumentos que, en modestísima opinión, resultan infumables (dicho esto con todo el respeto para quien los emite, por quien siento personal admiración y, por eso mismo, tal vez, no logro entenderlo)Dice Carlos Martínez Gorriarán (en su artículo “Las ventajas del federalismo (I)”) que es “partidario ferviente del principio de llamar a las cosas por su nombre” y eso me parece genial porque de eso es de lo que quiero hablar en este comentario; quiero hablar sobre lógica y demiurgia jurídica.Para los simples mortales como uno, será bueno aclarar de qué estamos hablando. Cuando uno habla de Lógica jurídica se refiere, en palabras de mi inefable maestro Luis García-SanMiguel, al estudio del “lenguaje humano en un doble sentido:…cómo se usa efectivamente el lenguaje en los diversos campos del conocimiento humano y …en la vida corriente;...y también las condiciones del uso correcto del lenguaje.[1] Vamos, que las palabras tienen un sentido comúnmente aceptado, bien sea en sentidos técnicos, bien sea en el lenguaje corriente. Cuando se usan incorrectamente, por error o por deseo buscado, se crea confusión y se malinforma a quienes nos escuchan o nos leen.Cuando se habla de demiurgia jurídica, nos referimos a que, al usar términos que tienen un especial sentido jurídico (y el término federal lo tiene) es imprescindible explicar que esos términos representan un concepto jurídico específico que quiere decir lo que universalmente está aceptado que quiere decir y no otra cosa porque, si no, sería imposible la comunicación entre nosotros. Por ello, se puede llegar a necesitar a alguien que nos explique el sentido de esos conceptos y, a ese intérprete, lo definimos como demiurgo, el dios que, según Platón, traslada los conceptos ideales al pobre lenguaje humano para su entendimiento.Así pues, no cabe decir que da igual qué palabra usemos para definir un concepto jurídico abstracto como lo son Estado Unitario, Estado federal, sistema descentralizado, etc.; no es lo mismo homicidio que asesinato; no es lo mismo hurto que robo (que se lo digan a las compañías de seguros) no es lo mismo un pura sangre jerezano que el burro de la tía Eustaquia, por más que ambos sean equinos. No es lo mismo.Cuando mantenemos, contra lo que se entiende universalmente, que un Estado Federal es un Estado Unitario, estamos diciendo lo mismo que si afirmamos que abogamos por un sistema de dictadura democrática o un sistema de mercado fuertemente intervenido radicalmente liberal.Vuelvo a repetir lo que se afirmaba en un manifiesto que lanzamos algunos afiliados recientemente:“En cuanto a los posibles modelos subyacentes en nuestra Constitución, retomando los argumentos de eminentes juristas como el propio Cruz Villalón, Blanco Valdés o Solozábal Echevarría, debemos aclarar que cuando la forma territorial de Estado es políticamente descentralizada, no se está definiendo necesariamente un modelo federal porque esto sería confundir la parte con el todo; ello, porque, desde el punto de vista de la distribución del poder, un Estado puede ser unitario y centralizado, con un único centro de decisión política y un único nivel de autoridad aunque existiesen agentes u órganos delegados; puede ser unitario y descentralizado con una regionalización de la Administración y de los Poderes Políticos (lo que algunos definen como Estado regional) y también puede ser plural o compuesto (descentralizado, al cabo), que serían tanto el federal como el confederal. El Estado descentralizado podrá ser, por tanto, autonómico, federal o confederal, que sería algo más cercano a una unión internacional de Estados; así pues, no cabe la mixtión de descentralizado y federal, sino que hay que entender esto último como una de las variantes del Estado descentralizado”.A lo aquí dicho, hay que añadir que no se puede mantener que un Estado Federal es un Estado Unitario; conceptualmente, un Estado Federal es un Estado compuesto, nunca unitario, salvo que estemos otra vez con lo de “democracia a la española” que decía el último Presidente de Gobierno del régimen franquista, creando nuestro propio modelo, que no es que no podamos, es que hay que explicarlo a los ciudadanos y, ya te digo, que el perfil de nuestros votantes, que es muy específico, no gustaría de frivolidades como la que andamos debatiendo. Cuando hablamos, desde el punto de vista de la distribución del poder, un Estado podrá ser unitario o compuesto; si es unitario, será, centralizado o descentralizado; si es compuesto, será federal o confederal. El llamado Estado regional o autonómico, entraría en el supuesto de Estado Unitario y descentralizado que muchos proponemos.Ahora un segundo comentario. Cuando se afirma que “un Estado unitario [¿?] descentralizado fuerte, con un núcleo de competencias centrales que no se delegan a las comunidades autónomas, donde todas estas tengan las mismas competencias y capacidad legislativa, y donde en caso de conflicto la ley estatal (y las instituciones comunes) tengan la primacía sobre la autonómica, no es otra cosa que un Estado Federal” se están mezclando churras con merinas; porque esas mismas consecuencias se derivan de un Estado Autonómico. El problema está en la forma en que se desarrolle ese Estado; en cómo se interprete la Constitución; por eso, muchos no queremos comenzar de cero, sino corregir lo que es un buen sistema que ha quedado superado por el tiempo y que precisa correcciones y mejoras; lo otro, el estado federal, significa tirar a la basura todo lo bueno que hemos construido en los últimos treinta años, uno de los períodos mas constructivos de nuestra Historia de los últimos siglos, como si fuese basura. ¡Ah! Y de paso, tirar el sistema de monarquía parlamentaria y crear una república (¿o estamos pensando de verdad en una monarquía federal?)Ahora bien, en puridad, lo que se debía decir es que, en un Estado federal, lo que existiría no serían comunidades autónomas sino Estados federados; lo que se debería decir es que no hablaríamos de capacidad legislativa (que es común en ambos sistemas) lo que se debería decirse es que en el federalismo los estados federados tienen capacidad constitucional y sus Estatutos, que tienen competencia derivada de nuestra Constitución, pasarían a tenerla originaria y serían Constituciones con todas las de la ley; lo que tampoco se dice es que en un Estado federal desaparecería la unidad jurisdiccional y tendríamos diferentes sistemas judiciales; debería añadirse que esos estados federados tendrían soberanía, limitada, eso si, pero soberanía al cabo; se acabaría aquello del artículo primero de la Constitución de “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado” que sería sustituido por la soberanía del pueblo extremeño, del vasco o del de Patones de Arriba (que al menos tendría más sentido histórico) ¿se imaginan cómo usarían esto los nacionalistas?¿De verdad alguien se cree que el establecer una república federal detendría a los nacionalistas catalanes, vascos, gallegos o a los miméticos aspirantes secesionistas de otras regiones o les daría alas? Y digo yo ¿por qué no se dice? Si tenéis paciencia, creo que podré aclararlo en la próxima entrega.[1] Notas para una crítica de la razón jurídica, Luis García-SanMiguel, Ed. Tecnos. 1985, pág. 29

viernes, 2 de octubre de 2009

La batalla en el jardín

una minihistoria (hasta el gorro estoy del término microrelato)

Ahora un cuento -como todas las mañanas anuncia el Jardín de los sueños que encandila a mi mitad de dos años-.

Salieron las pobres, exiliadas, a lo brutal del día. Acostumbradas como estaban a la comodidad de su oscuridad, de su cómoda caverna, oscura y húmeda, de su hogar, pues así es su hogar. Salieron la mayoría expulsadas. Solo unas pocas, contadas casi con los dedos de una mano, quedarán en sus aposentos, cumpliendo su labor en lo oscuro de sus galerías hogareñas.

Hoy seguían muchas, tras un día entero de penoso peregrinar en busca del descanso del acabar definitivo, apegadas a ladrillo, amontonadas no se sabe si para darse calor o para defendense de las obreras que buscan sus cuerpos, muertos ya muchos, otros casi, como otro trozo más de alimento que llevar a su hogar, para alimentar al rebaño, a todos.

Es una ley inmutable. Salen a morir y lo saben. Es como ha de ser. No hay justicia ni maldad. Hay naturaleza que asegura la supervivencia del conjunto. Y nada más.

Las simpáticas hormigas aladas invadieron ayer las calles, desorientadas, andando, sin usar esas grandes alas inútiles, buscando cansarse cuanto antes para cuanto antes acabar y cumplir con su ley natural. Obligado cumplimiento. Cumplimiento castrense de todas ellas, sin penas, sin compadecerse de su suerte. La NATURALEZA DE LA SUPERVIVENCIA ¡NATURAL!

Da miedo=soy una cobarde

Que no se atreve a reconocer que lo que mejor hace es lo que debería hacer. Debería dedicar tiempo a madurar ese oficio innato con el que nació.

Hay muchas tramas, hay que ordenarlas, hay que enlazarlas, como se enlazan las vidas, los hechos, los lugares, los acontecimientos, las acciones, el tiempo, los tiempos... hay que trabajar inventando toda esa vida paralela, que existe mucho antes de este universo paralelo y electrónico que no deja de ser eso, un vehículo para seguir transmitiendo ideas, ficciones, tramas organizadas, entrecruzados, como la vida misma... el medio electrónico, el no ya no tan nuevo medio electrónico nos tiene revolucionados pero no ha venido sino a ser eso, un medio que hay que usar... otra variante en en la trama...

Las ideas sino se exponen en él, no es tal el vehículo, la autopista está abierta y hay que usarla